ASOMBROSO NIVEL

CRÍTICA DE MÚSICA - EDUARDO AÍSA

Pues ya llegó el miura que les anunciaba en mi crítica de 'El barbero de Sevilla' y podemos decir que la lidia resultó sobresaliente. La gente de ópera sabemos que Il trovatore es una dura prueba para cualquier compañía lírica porque exige cuatro avezados y brillantes cantantes -si me apuran incluso cinco- para superar con dignidad papeles tan completos y exigentes como los de los cuatro protagonistas de esta ópera.

Y el caso es que los tuvimos, con más o menos matices.

El rol de Leonora es dramático y belcantista al mismo tiempo y exige voz con cuerpo en centro y graves además de agilidad y brillantez en los agudos y la soprano francesa Melanie Moussay superó con nota todas esas dificultades luciendo un bello fraseo y una voz adecuada. El tenor español Eduardo Sandoval, aunque tiene una voz con diferente color en los distintos registros, hizo una versión de Manrico el trovador francamente buena, cantó con gusto el aria 'Ah si ben mio' y remató con gran brillantez la temible cabaletta 'Di quella pira' con un do de pecho espectacular. Me gustó menos el barítono Paolo Ruggiero que tiene una voz grande que corre muy bien por el teatro, pero abusando siempre de alardes innecesarios y a veces algo ordinarios. Sí, ya sabemos que es el malo de la obra, pero no hace falta que lo exprese con bastedad porque la música de Verdi lo dice todo, basta con cantarla con gusto y él puede hacerlo (le hemos visto cantar muy bien otros papeles anteriores en Logroño).

Reservo para el final a la mezzosoprano china Jiujie Jin que nos cantó una sobresaliente Azucena con sonoros graves, rutilantes agudos y adecuada línea de canto. Estamos ante uno de los más imponentes papeles de mezzo de la historia de la ópera y anduvo a un nivel excelente. Muy bien el bajo Ivaylo Dhzurov como Ferrando; un auténtico lujo la excelente soprano Francesca Bruni para el pequeño papel de Inés y bien los habituales Dimiter Dimitrov como Ruiz y Nikolay Bachev como viejo gitano. Fascinante el coro de Ópera 2001 que suena, con pocas voces, como un auténtico orfeón. Brillantísimo en el coro de gitanos y el de soldados y bellísimo timbre femenino en el coro de monjas del Convento de la Cruz. ¡Chapeau!

Da gusto tener a la batuta al, ya habitual, Martin Mázik con su preciso gesto y atención al más mínimo detalle. Hizo correr con soltura y belleza el variado discurso musical verdiano en esta ópera plena de energía e inspiración. Bien lograda la dirección escénica de Roberta Matelli con una digna escenografía. Ya sabemos que en un gran teatro de ópera se puede ver una escenografía más espectacular, un vestuario más vistoso y un movimiento de masas más depurado, pero, no crean, que se pueden llevar más de un chasco y pagar 220 euros por ver un escenario desnudo (minimalista lo llaman) y situada la obra en los años cincuenta del siglo XX con ropaje de posguerra e incluso mal cantada. Mi admiración por esta compañía que es capaz de ofrecer estos resultados con estos presupuestos.

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