ASOMBROSA REPRESENTACIÓN

CRÍTICA DE ÓPERA EDUARDO AÍSA

Comentaba yo en la charla introductoria previa a la representación que era muy difícil que tuviéramos un Nabucco medio decente porque es casi imposible cubrir ese papel maldito y rompevoces de Abigail, bastante difícil tener un barítono verdiano de amplio espectro para Nabucco y heroico contar con un bajo-bajo de verdad para el precioso rol de Zaccaria, además de precisar de un coro brillante que se pasa toda la ópera cantando con gran exigencia. Bien, pues prácticamente lo tuvimos todo y hasta en grado superlativo; son los 'milagros' de estas esforzadas compañías del Este que lucen una profesionalidad admirable.

La formidable soprano taiwanesa Iaia Tso nos dejó literalmente pegados al asiento con su interpretación modélica de la pérfida Abigail con sus graves y agudos extremos, con sus saltos de dos octavas, escalas descendentes de escalofrío y además con una voz preciosa y una línea de canto exquisita. Una soprano brillante y completa. Este papel y el de la princesa Turandot (recordemos que también lo cantó en Logroño hace un año) los puede llevar a los mejores teatros del mundo. Otro cantante colosal en escena fue el bajo Iuri Maimescu que nos dejó un Zaccaria para el recuerdo por su bellísima voz de bajo de timbre broncíneo, con un registro grave muy sólido y unos agudos espectaculares, además de un canto noble y posado. Otra cosa fue el barítono Venceslav Anastasov, que luce una voz hermosa de rico esmalte baritonal y refulgentes agudos, pero al que le falta cuarto y medio de técnica, de afinación y sobre todo de buen gusto, de finura en el canto. Salvó los muebles en la parte fiera de los dos primeros actos, pero mostró sus carencias en el canto refinado de amor paternal que requieren los dos últimos.

Cubrieron bien sus papeles la pareja amorosa, que aquí no son protagonistas, el tenor Miguel Borrallo como Ismaele y la mezzo Tatiana Virlan como Fenena. Discreto tirando a pobre el tenor Nicolae Vascautan como Abdalo, muy bien el bajo Maxim Ivaschuk como Sacerdote de Baal y fantástica la fenomenal soprano Rodica Picirenau en el corto papel de Ana (me sorprendió que cantara este pequeño papel después de haber triunfado en Logroño con Aida en 2015 (¡nada menos!) y Liù el pasado año. Un lujo.

Mención especial merece el exiguo coro (¡sólo 23 voces!) que superaron con brillantez su difícil y duro papel, con un timbre rutilante y sonando como un completo orfeón. Recibieron su baño de aclamaciones al final del famoso coro de esclavos hebreos 'Va pensiero' que cantaron en pura excelencia. La orquesta lógicamente estaba corta de cuerda y los metales sobresalían en muchas ocasiones, pero, como en anteriores visitas a Riojafórum, dejaron un buen regusto de calidad, que habría sido mucho mayor si el director Nicolae Dohotaru hubiera controlado mejor los volúmenes, además de dar las entradas y marcar el compás (este comentario se lo debería traducir alguien, porque lo he tenido que hacer en las cuatro óperas que ha dirigido antes aquí).

Corramos un tupido velo sobre la presentación escénica que fue bastante simple y casposa, recomendando que al menos renueven las risibles pelucas y barbas negras de los sufridos esclavos hebreos. Pero lo importante era la parte musical y ésa estuvo francamente bien, a un nivel insólito.

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