Arthur Conan Doyle y las hadas de Cottingley

Arthur Conan Doyle y las hadas de Cottingley

El padre de Sherlock Holmes era un devoto espiritista, investigó fenómenos extraños y creía que Houdini tenía poderes sobrenaturalesEl novelista estaba convencido de que existían unos seres que dos niñas habían fotografiado en un bosque

LUIS ALFONSO GÁMEZ

Arthur Conan Doyle creía que había un mundo, separado del nuestro «no por océanos», sino por «una pequeña diferencia de vibración», poblado por hadas, duendes y gnomos. Lo habían descubierto dos niñas en un bosque del norte de Inglaterra en el verano de 1917, contó en el número de Navidad de 1920 de 'The Strand Magazine'. Las muchachas habían fotografiado a «la gente pequeña que parecen ser nuestros vecinos», y el novelista presentaba dos de las imágenes en la revista literaria, cuya tirada de medio millón de ejemplares se agotó en pocos días. En una foto se veía a Elsie Wright, de 16 años, sentada en la hierba con un gnomo saltarín al lado; en la otra, a su prima Frances Griffiths, de 10 años, con cuatro pequeñas hadas aladas bailando sobre un arbusto. Para preservar su anonimato, las niñas se identificaban como Iris y Alice.

El padre de Sherlock Holmes estaba en las antípodas de su hijo de ficción. Frente al detective guiado por la racionalidad y el método científico, era un crédulo de tomo y lomo, y fue un devoto espiritista hasta su muerte en 1930. En julio de 1887, cuatro meses antes de ver la luz 'Estudio en escarlata' -la primera aventura de Sherlock Holmes-, el escritor decía en la revista espiritista 'Light' que, después de asistir a una sesión mediúmnica, estaba «absolutamente seguro de que la inteligencia puede existir al margen del cuerpo». Doyle participó a lo largo de su vida en incontables sesiones espiritistas, estudió fenómenos extraños para la Sociedad para la Investigación Psíquica, fue vicepresidente de la Sociedad para el Estudio de las Fotografías Sobrenaturales y en 1907, tras matar la tuberculosis a su esposa, se casó con la médium Jean Leckie. Pero mantuvo su fe espiritista en un segundo plano hasta la muerte, en un corto espacio de tiempo a partir de 1918, de su hijo Kingsley, su hermano Inner, dos cuñados y dos sobrinos.

Con el espiritismo al alza por los 16 millones de muertos de la Primera Guerra Mundial, se convierte en su principal apóstol. Publica una historia del fenómeno en dos volúmenes, viaja por medio mundo predicando su fe y en abril de 1920 conoce a Harry Houdini. Escritor y mago se admiran y se hacen amigos, aunque los espíritus se interponen entre ellos. El ilusionista considera a los médiums unos estafadores que usan trucos para aprovecharse de gente angustiada y se dedica a desenmascararlos, pero no minusvalora la inteligencia del novelista, que está convencido de que Houdini tiene poderes sobrenaturales. En mayo de 1920, el director de la revista 'Light', David Gow, le cuenta al escritor que dos niñas han sacado fotos a hadas en el bosque de Cottingley.

Las primeras imágenes de las hadas, cuenta Doyle en 'The Strand Magazine' y luego en su libro, las tomaron Elsie Wright y Frances Griffiths en el verano de 1917. Un día de julio, la primera convenció a su padre para que le dejara su cámara para fotografiar a los seres con los que ella y su prima decían que se encontraban en un arroyo próximo. Cuando reveló la placa en el cuarto oscuro, el hombre, ingeniero eléctrico, vio que a su sobrina Francis le acompañaban en la imagen cuatro hadas aladas. Lejos de asombrarse, lo consideró una broma de su hija, que llevaba años dibujando hadas, iba a la Escuela de Bellas Artes de Bradford y trabajaba en un laboratorio fotográfico haciendo montajes de soldados muertos en las trincheras europeas. Aquel año hicieron otra foto más de hadas y en 1920 otras tres, que fueron bendecidas por Doyle y Gardner. La historia se desinfla en unos meses... ¡hasta 1983! Entonces, las dos primas confiesan en la revista 'The Unexplained' que las fotos son un fraude, aunque añaden que los encuentros con hadas fueron reales. Las de las imágenes, explican, son figuras femeninas copiadas por Elsie del 'Princess Mary's gift book', un libro de cuentos publicado en 1915 en el que Doyle firmaba un relato, a las que añadió alas. Luego las niñas recortaron las siluetas, las reforzaron con cartón y las sujetaron en los escenarios con alfileres de sombrero. Posteriormente, Frances puntualizó que la quinta foto, una de hadas solas en la maleza, era auténtica. Nadie la creyó.

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