Un arma cargada de pasado

Luis Martínez de Mingo (a la derecha) y Raúl Eguizábal, ayer en la inauguración de las XX Jornadas de Poesía en Español. :: juan marín/
Luis Martínez de Mingo (a la derecha) y Raúl Eguizábal, ayer en la inauguración de las XX Jornadas de Poesía en Español. :: juan marín

«Nunca he creído que se pueda cambiar el mundo con la poesía», afirma el veterano escritor logroñés, autor de tres poemariosLuis Martínez de Mingo abrió las XX Jornadas de Poesía

J. SAINZ LOGROÑO.

Hace falta vestir el alma de nardo/ sentir el titilar de las estrellas/ notar las convulsiones de la tierra/ saltar como un delfín enamorado... Para ser poeta, como aconseja Luisón en un soneto... 'es necesario ser un poco raro/ saber quién fue Rimbaud, qué es el abismo,/ trepar a la cucaña con los niños, no confundir lo bueno con lo caro...'

Todos esos requisitos y algunos más los cumple con creces Luis Martínez de Mingo (Logroño, 1948), escritor de casi todos los géneros imaginables y también poeta, que abrió ayer en Logroño las XX Jornadas de Poesía. A su lado, el coordinador del ciclo, Raúl Eguizábal, lo presentó al público de la Casa de los Periodistas como «una generación por sí solo, porque ha escrito de todo».

Luisón, como se le conoce amistosamente en el mundillo literario (y también ciclista) de su ciudad natal, ya había participado en ediciones anteriores de las jornadas, y en esta vigésima, titulada por veteranía 'Tallas grandes', conforma, junto con Miguel d'Ors, César Antonio Molina, María Ángeles Maeso y Ramón Irigoyen, una variada e interesante selección de autores 'mayores' -al menos en un par de sentidos- que comenzaron a publicar poesía en los setenta y todavía hoy son capaces de alzar una voz reconocible.

Él lo hizo por primera vez como poeta hace cuarenta años con 'Cauces del engaño' (1978) y únicamente ha repetido en otras dos ocasiones: 'Anacrónica y Fidel' (1985) y, bastante después, 'Ni sombra de lo que fui' (2013). Son solo tres poemarios en una carrera mayoritariamente narrativa en la que destaca 'El perro de Dostoievski' (2001, finalista del Premio Nadal). Como él mismo responde para explicar lo minoritario de sus poemas -unos doscientos en total- y cuándo decide escribirlos: «Es la poesía la que se te impone».

¿Y sus temas? Los mismos de siempre: «Los mismos de Borges: el amor, la soledad, el tiempo y la muerte».

«Escribir bien es dificilísimo. Juan Ramón se pasó la vida reescribiendo sus poemas», recordaba De Mingo ayer mismo ante los periodistas. Porque Logroño es una ciudad surrealista donde en abril dan ruedas de prensa los poetas y hacen declaraciones en prosa. Verbigracia -él, que podría pasar por personaje valleinclanesco salido del Callejón del Gato, es de las pocas personas que todavía emplea esa locución para decir 'por ejemplo'-: «En el diálogo con un mismo es como se desarrolla la poesía, así lo expresaba Yeats. Yo digo que la poesía son las excrecencias, lo que queda de la deriva literaria conmigo mismo».

Y, hablando de excrecencias, un poema desengañado dedicado a su admirado Jaime Gil de Biedma, uno de los grandes de la generación de los cincuenta, al conocer que su tormentosa sexualidad incluía la pederastia: '... Poeta de los que quedan,/ de los que caben pocos en la mitad de un siglo./ Señorito de mala conciencia, encantador de efebos, ahora llegan tus Diarios/ cuando ya de tu antracita no queda ni lo que fue ceniza'.

«Así de miserables somos los seres humanos, aunque sean genios», resuelve Luisón con amargura antes de tener que contestar a la más absurda de las preguntas: «Que para qué sirve la poesía... La poesía alimenta los ámbitos culturales y artísticos, pero socialmente no tiene ninguna relevancia. Nunca he creído que se pueda cambiar el mundo con la poesía. Eso de que la poesía es un arma cargada de futuro valía con Franco. Pero es que contra Franco valía todo».

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante, que nos perdone Celaya; quizás la poesía ni tan siquiera sea ya un arma cargada de pasado. Nos queda entonces '... Hablar desde el silencio de las rosas/ viajar, ir con un gnomo de la mano, indagar en el almario de las cosas. / Desde la soledad ser como un faro,/ agarrarse a la sombra que te anima/ y no cejar de estar enamorado'.

Tales son las últimas credenciales poéticas de Luis Martínez de Mingo. Y después de citar a Miguel Hernández en su soneto (que tenemos que hablar de muchas cosas), soltar el estrambote y marcarse unos últimos versos de viejo verde que mira a ver si la poesía lleva puestas las bragas.

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