«Del Arco ha iluminado todas las partes de 'Arte', la cómica y la dramática»

Roberto Enríquez, en el centro, junto con Jorge Usón (izda.) y Cristóbal Suárez. :: promocional/
Roberto Enríquez, en el centro, junto con Jorge Usón (izda.) y Cristóbal Suárez. :: promocional

Kamikaze Teatro presenta hoy en el Bretón (20.30) la comedia 'Arte', de Jasmina Reza, con Miguel del Arco en la dirección Roberto Enríquez Actor de 'Arte'

ESTÍBALIZ ESPINOSA LOGROÑO.

La compra de Sergio, por 30.000 euros, de un cuadro blanco atravesado por unas finísimas líneas también blancas es el detonante del combate dialéctico entre tres presuntos amigos del alma. Son los protagonistas de 'Arte', comedia de Jasmina Reza que ha alcanzado la condición de 'clásico contemporáneo' y en cartel por todo el mundo desde su estreno en 1994. Hoy llega al Bretón logroñés de la mano de Kamikaze Teatro y con una dirección, la de Miguel del Arco, y un reparto (Roberto Enríquez, Cristóbal Suárez y Jorge Usón) de lujo. Hablamos con el actor Roberto Enríquez, quien defiende el papel de Marcos, un personaje de extremos, duro y vulnerable, que hace gala de su carácter hosco e irreverente.

-El texto de 'Arte' es en sí mismo una obra de arte. ¿Es una ventaja, un hándicap?

-Desde cualquier punto de vista me parece una ventaja, porque la piedra angular de cualquier montaje es el texto. Si montas 'Hamlet' existe esa misma circunstancia. Además, suma el reto de que se ha representado más veces y tienes la responsabilidad de aportar una visión personal de ese texto.

-¿Y qué es lo que distingue este 'Arte' de otras versiones?

-Aporta la visión de Miguel del Arco, que siempre es superpersonal. El texto es una comedia con la que el público se descacharra de risa, pero tiene una parte más áspera, más dura y oscura porque, aunque la excusa es un cuadro blanco por el que se paga un pastizal, realmente de lo que se está hablando es de la destrucción de una amistad de toda la vida. Y eso pasa por momentos duros donde los personajes se dicen cosas tremendas, aunque en el espectador produzca hilaridad. Lo que ha hecho Del Arco es iluminar todas las partes, la cómica y la dramática, y eso le da más potencia.

-Usted aborda aquí el personaje de Marcos, un hombre de extremos. ¿Es el papel que mejor se le ajusta?

-No, creo los tres personajes están contenidos en cualquier persona y, además, uno mismo en diferentes situaciones puede comportarse de una manera u otra. Obviamente Marcos es una especie de Misántropo, un tipo que siempre ha hecho gala de ser hosco socialmente, de decir lo que piensa aunque fuera incorrecto e incluso de ejercer eso con cierto gusto. Yo estoy encantado con este personaje, aunque los tres son maravillosos, están muy bien construidos y cobran el sentido en los demás. Me parece un papel difícil y riquísimo.

-Seguir con precisión y mantener el vertiginoso ritmo de esta obra se antoja complicadísimo.

-Es tremendo, y aunque hay monólogos, diálogos y escenas conjuntas no desaparecemos nunca de escena. La sensación es que entras en una montaña rusa y no te bajas hasta que el viaje acaba, y terminamos agotados de un viaje bastante potente. Pero con los compañeros que tengo cada función resulta diferente.

-¿Qué debates se les han planteado durante los ensayos?

-Uf! Por la forma que tiene Miguel de trabajar ha habido muchos debates. 'Arte' habla de la amistad, del desencanto, el miedo a la pérdida... y eso ha puesto sobre la mesa muchas cosas personales.

-Sobre el escenario, sin embargo, se prescinde de casi todo. Es una puesta en escena muy minimalista.

-La escenografía es una plataforma inclinada en la que siempre estamos desestabilizados los personajes, con tres sillas y nada más. Nada distrae al texto porque es tan bueno que cuanto menos, mejor.

-Acaba de participar en la serie 'Vis a vis', pronto empieza con otra de Daniel Calparsoro, continúa con el teatro.... ¿Cómo lo compagina?

-No es fácil, y siempre me hago el propósito de dosificarme con el teatro porque es más gravoso a nivel personal y menos rentable. Pero cuando pisas el escenario eres soberano, estás desnudo con lo bueno y lo malo, y esa sensación es adrenalínica. Y Logroño es una plaza maravillosa, primero por ese Teatro Bretón que funciona tan bien y con un grupo nutrido de técnicas mujeres, y luego, cuando acaba la función, por pasar esos momentos tan 'desagradables' en la calle Laurel. Y además hay un público muy educado en el teatro, y eso da mucho gusto.

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