El amigo riojano de José Zorrilla

Placa de la tumba donde fue enterrado Francisco Luis Vallejo en la capilla de su propiedad en el cementerio viejo de Soto. :: /asociación arces
Placa de la tumba donde fue enterrado Francisco Luis Vallejo en la capilla de su propiedad en el cementerio viejo de Soto. :: / asociación arces

El camerano Francisco Luis Vallejo Elías trabó una íntima amistad con el célebre autor del 'Don Juan Tenorio'| El poeta y dramaturgo castellano dedicó su obra culmen a Vallejo Elías, a quien conoció cuando era corregidor de Lerma

Pilar Hidalgo
PILAR HIDALGOSOTO

El insigne poeta y dramaturgo José Zorrilla, quien ha pasado a la historia de la literatura como autor de 'Don Juan Tenorio', regresó en 1880 de América arruinado y maltrecho. Eduardo Gasset y su yerno Ortega Munilla le ayudaron encargándole que escribiera unos artículos para el periódico El Imparcial. En ellos, Zorrilla, del que en el 2017 se cumplió el bicentenario de su nacimiento, relató algunos episodios de su vida que más tarde conformaron la obra 'Recuerdos del tiempo viejo'.

Zorrilla creyó que estaba haciendo literatura menor para ganarse el pan. Sin embargo, y como quien no quiere la cosa, escribió la mejor de sus obras junto al célebre 'Don Juan'. En ella glosa algunos de sus textos teatrales y alude a ciertos personajes. Uno de los que describe con más afecto es Francisco Luis Vallejo, un camerano, amigo íntimo del poeta y a quien dedicó su 'Don Juan Tenorio'.

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Así lo recoge la Asociación Cultural ARCES de Soto en Cameros en el libro 'Hijos ilustres del Camero Viejo', que publicó junto al Gobierno de La Rioja, el IER y el Ayuntamiento de este municipio serrano. Según el volumen de ARCES, Francisco Luis Vallejo Elías nació el 17 de septiembre de 1808 en Treguajantes, una aldea perteneciente a Soto en Cameros, si bien su familia era soteña y vivió en este último lugar.

El afecto entre el serrano y el literato libró al padre del segundo de un hostigamiento férreo en el destierro

Francisco Luis Vallejo se casó en La Habana (Cuba) con Micaela González Larrinaga y en esta capital del Caribe vino al mundo en 1843 su primera hija, María de las Nieves Vallejo. Ésta alumbró al también insigne soteño Celedonio Rodrigáñez y Vallejo, ingeniero agrónomo, director de Parques y Jardines en Madrid, diputado liberal a Cortes en tres ocasiones y senador del reino en 1910.

Nieves Vallejo, primera hija de Francisco Luis, nacida en Cuba.
Nieves Vallejo, primera hija de Francisco Luis, nacida en Cuba. / ARCES

Francisco Luis y Micaela González Larrinaga residieron en Soto y tuvieron allí otros tres hijos. El gran amigo de Zorrilla ostentó diversos cargos, todos ellos de gran relevancia. En primer término, y a partir de 1835, ejerció como corregidor de Lerma (Burgos). Después ocupó la Relatoría de la Audiencia territorial de La Habana y en los últimos años de su vida activa fue alcalde mayor de Manila, la capital de Filipinas.

En mayo de 1856 solicitó que se le concedieran los honores de auditor de Marina, hecho que se produjo al mes siguiente. Asimismo, Vallejo obtuvo el reconocimiento de Caballero de la Real y Distinguida Orden de Carlos III.

Vínculo «fraternal»

La relación de estrecha amistad que lo unió a José Zorrilla quedó certificada en los relatos contenidos en 'Recuerdos del tiempo viejo'. En ellos, el literato vallisoletano narró pasajes acerca del inicio de ese «cariño fraternal y agradecimiento que no se extinguirá sino con la vida». Y es que el padre de José Zorrilla, don José Zorrilla Caballero, era un absolutista nato. Había sido superintendente general de Policía del reino en los últimos años de Fernando VII y su misión consistía en mantener el orden en Madrid. Y lo consiguió aplicando un principio que su hijo repudiaba: «ladrón cogido, ladrón ahorcado».

Casa de Francisco Luis en el paseo San José en Soto.
Casa de Francisco Luis en el paseo San José en Soto. / ARCES

Así, la relación entre progenitor y vástago resultaba difícil. Además, el padre sentía cierta desilusión por la forma de ser del hijo: mal estudiante, poeta y al que seducían las ideas modernas.

Cuando falleció Fernando VII, el superintendente fue desterrado a Lerma. Le atemorizaba la llegada allí del nuevo corregidor, el liberal Francisco Luis Vallejo. Pero se dio la circunstancia de que la casual amistad que se gestó entre el poeta y el corregidor le salvó de un férreo hostigamiento. Vallejo mandó recado al padre a través del hijo de que, aunque tenía instrucciones «de no dejarlo respirar», podía dormir tranquilo y que, si quería fugarse, le avisase con tiempo para que esto sucediese con el corregidor «ausente de Lerma».

Pese a haber viajado de un lado a otro del mundo y haber permanecido largo tiempo fuera de Soto en Cameros, Francisco Luis Vallejo fue a morir a esta localidad, donde falleció en 1868. La Asociación ARCES tiene en su local una exposición permanente sobre Vallejo y familia.

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