EL ALMA DE LA CIUDAD

EL ALMA  DE LA CIUDAD

ANTON MERIKAETXEBARRIA

Con 'Canción de Nueva York' estamos ante una modesta pero estimable comedia costumbrista, ambientada una vez más en las abigarradas calles del barrio neoyorquino de Manhattan. Una película filmada a media voz, menospreciada en la mayoría de los casos, tal vez por su falta de temas rimbombantes en su discreto discurrir argumental. Sea como sea, la película del joven realizador Marc Webb plasma sin acritud las agridulces experiencias sentimentales y profesionales de algunos de los multiétnicos habitantes de la gran manzana, con el acento puesto en las gentes con estilo.

Es cierto que los diálogos resultan excesivamente literarios. Sin embargo, los dimes y diretes de toda una serie de hombres y mujeres, pertenecientes a edades, culturas y estratos sociales diferentes, que intentan remediar su soledad de la manera más apañada posible, mediante relaciones, en su mayoría efímeras, están descritas con discreción, cariño y una saludable ironía. Es como si en el detonante argumental, en el que no faltan los simbolismos, en manos de otro director podría haber sido algo pedante o pretencioso. Por suerte, su autor se deja llevar aquí por los caminos de la sugerencia.

Bien surtida de homenajes a Andy Warhol, Lou Reed, Simon & Garfunkel y Woody Allen, sin citarle, 'Canción de Nueva York' advierte del peligro de que las grandes urbes abandonen su esencia, de forma parecida al temor de muchas personas a perder sus raíces, sus tradiciones e incluso su propia identidad. En ese sentido, llama la atención el tributo a Nueva York que hace el personaje de escritor alcohólico -que interpreta con su proverbial desgarro Jeff Bridges- a través de las palabras del poeta maldito Ezra Pound: «Ciudad mía, mi amada, eras una doncella todavía sin pechos, esbelta como un caramillo de plata. ¡Ahora óyeme, escúchame! y un alma con mi soplo te daré».

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