Alemania está que echa humo

Un técnico inspecciona los gases contaminantes de un vehículo en Berlín. :: TILL RIMMELE / Efe/
Un técnico inspecciona los gases contaminantes de un vehículo en Berlín. :: TILL RIMMELE / Efe

Otro escándalo destapa los experimentos de la industria del automóvil con monos y personas para comprobar el daño que causan las emisiones

JUAN CARLOS BARRENA

Un nuevo escándalo sacude a la poderosa industria alemana del automóvil, esta vez por experimentos con monos y seres humanos, que inevitablemente recuerdan a siniestras prácticas del régimen nacionalsocialista. Un escándalo en el que se ha visto envuelto el grupo Volkwagen, que está pagando cara ya la manipulación de las emisiones de sus vehículos diesel, pero también BMW y Daimler, así como la empresa Bosch, uno de los principales fabricantes mundiales de componentes para automóviles.

A través de una asociación común con fines supuestamente científicos, los cuatro consorcios financiaron experimentos como el practicado por un instituto de la Clínica Universitaria de Aquisgrán, que hizo respirar durante varias horas y jornadas a 25 personas dióxido de nitrógeno en distintas concentraciones para comprobar cuán dañinas son las emisiones contaminantes de los coches. Anteriormente otro instituto en el estado norteamericano de Nuevo México había utilizado por encargo de los consorcios germanos diez primates catarrinos para averiguar hasta qué punto es perjudicial respirar las emisiones de un Volkswagen Beetle. Para que los monos, encerrados en jaulas de cristal, estuviesen tranquilos durante el experimento les ponían películas de dibujos animados.

La revelación de las polémicas pruebas por varios medios alemanes y estadounidenses ha provocado una ola de estupor y enojo en este país. «La indignación de mucha gente es absolutamente comprensible», dijo la canciller Angela Merkel, quien dejó claro que «esas pruebas con monos o incluso personas carecen de toda justificación ética». Merkel subrayó que los consorcios automovilísticos tienen el deber de reducir y respetar los límites de las emisiones contaminantes y no de demostrar la presunta inocuidad de las mismas. De «absurdos e imperdonables» fueron calificados los experimentos por el ministro de Economía del estado de la Baja Sajonia y miembro del consejo de control de VW, Bernd Althusmann, quien anunció «duras consecuencias personales» para los responsables.

La llamada Asociación de Investigación Europea para el Medio Ambiente y la Salud en el Sector del Transporte (EUGT) fue creada y financiada conjuntamente por Volkswagen BMW, Daimler y Bosch en 2007 y disuelta el año pasado. Aunque su página web ya ha sido bloqueada, en los archivos de internet puede leerse que EUGT fue fundada para «investigar los efectos y riesgos del trafico individual motorizado para el medio ambiente y la salud a poder ser de manera objetiva». «EUGT no es más que un lobby instrumental de la industria automovilística», afirma Christina Deckwirth, de la ONG LobbyControl, quien recuerda que la industria del motor es sumamente poderosa en Alemania y trata permanentemente de influir en las decisiones de los políticos. «Es uno más de sus brazos, que trata de limpiar la imagen del sector y evitar nuevas regulaciones».

Mientras tanto, los consorcios implicados se lavan las manos y dicen desconocer la labor de EUGT, pese a haber financiado sus actividades durante una década. Un portavoz de Daimler condenó «enérgicamente» los experimentos y exigió «una amplia investigación».

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