ALCÀSSER

CARLOS SANTAMARÍA ANECDOTARIO

La cabecera del programa era una animación digital llena de símbolos amables, una cosa ligera y despreocupada muy de los años 90, con esas sintonías tontas como de hilo musical de un crucero. La música acababa con la voz de unas coristas cantando frívolamente el nombre del programa. Grandes letras en pantalla. Fundido gradual. Tras el título aparece lentamente la imagen de un hombre abatido. Está sentado en una silla y en las manos sostiene a duras penas un micrófono; es el padre de una de las tres niñas de Alcàsser. Las acaban de encontrar muertas y enterradas

Se cumplen ahora 25 años de aquel drama, un crimen que España entera vivió pegada a la televisión, entregados todos a la sobredosis de emotividad que transmitían los programas especiales. Sobre la tragedia del triple asesinato se levantó un carrusel que nunca antes habíamos visto, porque aquella emoción tenía un punto de espectáculo siniestro. Fue infame y vergonzoso; el morbo era eso.

Las cámaras entraban en las casas de las niñas, se recogían testimonios conmovedores, se entrevistaba a los padres rotos, a las madres llorando... hasta los familiares de Anglés desfilaron ante los micrófonos. Hubo reporteros peleándose por ser los primeros en llevar a su cadena al invitado de turno y programas en los que se mostraron las fotos de los cadáveres. «Nos quedamos sin nuestras hijas», decía casi sin voz el padre de Toñi. «Yo no sé si lo podré aguantar». Necrofagia. Carroña en todos los canales.

La muerte de las tres niñas era lo de menos, importaba lo accesorio, el relato, la audiencia. Los escritores de novela negra comprenden el valor del envoltorio; en el fondo el crimen es siempre un asunto breve, por eso presentan imágenes para jugar con la mente del lector.

En el libro 'Las Marismas' de Arnaldur Indridason una mujer se corta las venas en la bañera. El detective Erlendur habla con un testigo: «Lo que me viene a la mente es la chica comprando hojas de afeitar. Buscando calderilla en su monedero para pagar unas hojas de afeitar». Eso es ficción, espectáculo, pero hace 25 años aquí montamos un circo con tres pobres niñas muertas. Nunca es tarde para disculparse. Toñi, Míriam, Desirée, perdonadnos por todo aquel vertedero con el que ensuciamos vuestros blancos ataúdes.

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