Teresa Viejo: «No hay que ahogar el morbo, habla de nuestro instinto animal»

Nuevo libro. La escritora presenta hoy en Logroño su cuarta novela. :: /L.M.
Nuevo libro. La escritora presenta hoy en Logroño su cuarta novela. :: / L.M.

Teresa Viejo Periodista y escritora ha escrito la novela 'Animales domésticos' y la presenta hoy en Logroño | La autora revisa la «curiosidad superlativa» para explorar las relaciones entre hombres y mujeres

M. SOBRINOLogroño

«Me llamo Abigail y mi vida ha estallado en pedazos. Éste es el relato de cómo los he ido recogiendo en busca de saber quién soy». Con estas palabras se presenta la protagonista de 'Animales domésticos', la nueva novela de Teresa Viejo, que comparte con su personaje la búsqueda constante de conocer y conocerse. Escritora y periodista, ahora a través de las ondas del programa de entrevistas de RNE 'La observadora', Viejo estará hoy (19.30 horas) en el Espacio Santos Ochoa.

-Con 'Animales domésticos' presenta un libro sincero en su introducción y crudo en su desarrollo. ¿Cómo ha sido el proceso de creación?

-Muy intenso y muy perturbador. Me ha situado varias veces, por no decir casi siempre, al borde del precipicio al que se asoman también mis protagonistas, pero ha sido también muy enriquecedor y de un crecimiento indudable. En el fondo lo he disfrutado mucho. Me gustan los retos.

«Cuando escribo con esta crudeza es para animar al lector a verse a sí mismo» teresa viejo

-El texto parece en gran parte una novelización de los conceptos que expone en su ensayo 'Hombres: modo de empleo'.

-Sí, y sobre todo de 'Pareja, ¿fecha de caducidad?', el segundo ensayo. Sin duda es lo que pretendía: volver a un territorio que me resultara conocido, que era el de las relaciones hombre-mujer y especialmente en el terreno amoroso. Quise también realizar un pequeño experimento y es observar cómo habíamos cambiado, ya que el ensayo de 'Hombres' lo escribí en el año 2000, el de las parejas en 2005 y este libro es de este año. Y estamos en el mismo punto, incluso tenemos un desencuentro todavía mayor, lo que me provoca un cúmulo de sentimientos entre rabia, estupefacción y desolación. Si estamos hechos para entendernos y encajar como piezas de un puzle exquisito, ¿qué nos pasa a los hombres y las mujeres que en el amor nos comprendemos tan mal?

-Apenas hay que avanzar un par de páginas en su libro para que este mismo concepto lo exprese un personaje sin nombre al decir: «¿Cuándo no competimos hombres y mujeres? ¿Estamos condenados a pelear para siempre?».

-No, yo soy muy optimista y cuando escribo con esta crudeza es porque trato de convertirme en un espejo y animar a quien lee a que se vea a sí mismo y se dé cuenta de que esto no es lo correcto. Lo femenino y lo masculino son como el ying y el yang, las dos caras de la misma moneda. Solamente cuando conoces lo del otro lado, sabes cómo es, por qué se comporta así, por qué se expresa como se expresa o deja de hacerlo, sólo entonces te vas a conocer y vas a conocer al otro. Yo soy muy optimista e invito a todo el mundo a que haga ese ejercicio de acercamiento al contrario.

-¿Cree entonces que está confundido el feminismo que postula que no es que los hombres no se expresen, sino que se les educa así?

-Creo en el feminismo de la diferencia, que en España tiene un predicamento justo y en colectivos minoritarios. No sé por qué la sociedad es tan poco permeable a recibir doctrinas contrastadas que hablan de las diferencias biológicas que tenemos los seres humanos. Que las habilidades femeninas para trasladar a través del lenguaje son mayores que las del hombre es un hecho que cuentan biólogos, neurólogos, endocrinos, psiquiatras... Si hay un feminismo de la diferencia es porque esa diferencia nos hace grandes.

-El género es precisamente un tema recurrente en la novela, completado por el morbo. ¿Subestimamos el poder del morbo?

-Sin duda. Lo subestimamos y lo esquivamos pensando que es algo negativo y que merece ser ocultado. Yo creo que el morbo habla de nuestro instinto animal y no hay que ahog arlo. Nuestro componente animal explica muchos de nuestros comportamientos y el morbo es una curiosidad superlativa ante aspectos que no son solo los sexuales.

-Cuando llega la hora de escribir, ¿es el morbo compatible con el periodismo?

-Es que el periodismo es una profesión morbosa. Si nos quedáramos solo en la curiosidad no desentrañaríamos muchos aspectos que aborda el periodismo. Está en la ética de cada uno saber qué uso da a esa curiosidad y entonces es cuando puede entrar en juego el morbo con la connotación negativa. Parece que hay que reconciliarse con lo que somos y reconocerlo con naturalidad.

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