AHOGADO EN LA ORILLA

JONÁS SAINZ - CRÍTICA DE TEATRO

Sin grandes penas y solo alguna gloria, vamos terminando de cruzar el río. Toca a su fin otro Festival de Teatro y aún no sé si llorar o celebrarlo. Hoy muere en la orilla de Chirbes, que es la margen más clara de la España más turbia, lo mejor de otro año bretoniano que te acaba matando en el intento. A mí sí que me alcanzó hondamente la tierra baja de Lluís Homar, una obra de arte para no olvidar. Y el regreso de Teatro de la Ciudad me devolvió la esperanza con la ternura de Sanzol y el sueño loco de Lima y Nathalie Poza. Los Coleman, aunque solo pasaban a despedirse, se me quedaron en casa por algún tiempo. Y algunas cosas más, tampoco tantas: Carmen Machi desencadenada repintando las Meninas, las llenísimas cáscaras vacías de Lazona, los nuevos discípulos de Ionesco, un Echanove quevedesco, otro shakesperiano Padín y, en su paso a dos con Chevi Muraday, la sensible Kiti Mánver. Ah, y los payasos: Pepa Plana y Rhum & Cia; que no nos falte el pan, pero tampoco el circo.

Y que no nos falte el teatro. Pero, como hoy toca ir cerrando la barraca, prefiero hacer balance de lo bueno que aburrir con lo que me aburrió. Entre lo más reciente y muy a mi pesar, me decepcionó el 'Aquiles' de Roberto Rivera, José Pascual y Toni Cantó. Tampoco me entusiasmó Clara Sanchís con su Virginia Woolf de 'Una habitación propia', un oportuno alegato feminista y excelente trabajo actoral, pero casi tan plomizo como una conferencia académica. De 'Los universos paralelos', sí diré que, aunque también es de ritmo excesivamente lento, merece la pena, literalmente, hundirse en el dolor que narra Lindsay-Abaire y que dirige muy correctamente David Serrano, aunque solo sea por confirmar que Malena tiene nombre de Alterio. Qué actriz, digna hija del padre. Parece que fue ayer cuando vimos al inolvidable Héctor. Eso sí que es un héroe griego y un tango porteño.

Todavía lucirán algunas luces más en la costa de diciembre; el siempre brillante Brujo, Juan Diego sobre un tejado de zinc caliente y, para quien guste, lo mejor de Yllana. Pero, la noche ya va cayendo, de modo que vayamos plegando velas. Entre festival de teatro y teatro de fiestas, bien pensado, creo que elegiré celebrarlo y llorar por igual. Antes de ahogarme en la orilla.

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