PARA AGUZAR EL OÍDO

ALBERTO PIZARRO - CRÍTICA DE ARTE

Chocará que en una crítica de un arte eminentemente visual instemos a que se aguce el oído. No se eche esto a humo de pajas si se quiere entender bien la muestra que en la Sala Amós Salvador permanecerá colgada hasta el 27 de agosto. Los cuadros que se exhiben pertenecen al ingeniero, empresario y coleccionista Jaime Sordo, quien el día 8 de julio nos dio una exhaustiva explicación de lo expuesto y las claves personales del coleccionismo privado. ¿Puede dar mejor felicidad el dinero?

Recién salidos de la dictadura franquista, la década de los 80 en España fue de una creatividad desbordante, influenciada por una apertura que posibilito que entrasen de par en par las corrientes pictóricas extranjeras. Pocos años antes fue cuando el mentado señor inició la Colección Los Bragales, con obra de pintores españoles contemporáneos que apuntaban maneras o eran ya relevantes.

Aquel borboteo artístico también tuvo otras candelas: coincidencia de varias generaciones de artistas, galeristas urdiendo un variado circuito de exposiciones, creación de los primeros museos públicos de copete, firmes apuestas del coleccionismo privado y esa especie de Eldorado que supuso ARCO para artistas de todas nuestras latitudes. Algo así propició en Logroño, aunque en pequeña escala, el Club del Arte de Galería Berruet.

Los artistas, intelectuales casi todos ellos, trataron de mostrar sus sentimientos, lo que lograron porque manejaban eficientemente los recursos técnicos. Disfrute creativo del que también, a su manera, participó el coleccionista, tan subjetivo como exquisito. Teniendo posibles, el comprador se lanzó a la adquisición de una obra concreta de un determinado pintor, no a cualquier obra de mismo. El 'primun movens' fue el encaprichamiento de obras que estaban a su alcance, teniendo que recurrir a veces a rocambolescos subterfugios para hacerse con ellas. Jaime Sordo se envició con la figuración madrileña, el expresionismo patrio, la abstracción conceptual y obras momentáneamente inclasificables.

¿A quién no suenan Alcolea, Campano, García Sevilla, Cristina Iglesias, Navarro Baldeweg (además arquitecto afamado), Quejido, Rafols-Casamada (también poeta), Sicilia o Usle, por sólo citar unos cuantos, de los veinte cuyas obras se exponen? Cuarenta años de pintura española. ¡Casi nada!

Reconozco que en una visita en solitario no hubiera sacado el jugo que con las explicaciones antedichas. Y es que la 'Pintura de los 80 en España' -así han titulado la muestra- tiene su intríngulis. Quienes la quieran recorrer con cicerone tienen la ocasión de hacerlo los sábados por la mañana; no así quienes decidan hacerlo los sábados por la tarde, que tendrán de fondo la música de 'la movida' de aquellos años felices.

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