AGUA DE JADE

ANTON MERIKAETXEBARRIA

Original película con tintes autobiográficos del director de Corea del Sur Hong Sang-soo, autor asimismo de 'Ahora sí, antes no' (2015), capaz de tratar el melodrama clásico (o el cine romántico) de una forma tan arriesgada, como intimista y austera. Es un inusual cineasta que mantiene con sus protagonistas femeninas una relación creativa muy especial. Tal y como lo demuestra el punto de partida de 'En la playa sola de noche', centrada en las conflictivas relaciones entre una enamoradiza actriz y un dominante director de cine.

La ciudad alemana de Hamburgo y la localidad coreana de Gangneung son los dos marcos donde se desarrolla la historia, fotografiada con cámara de entomólogo, donde el desarraigo, la soledad y una cierta tristeza se cuelan por las psicológicas costuras del filme. Ribeteado todo ello por el 'Quinteto para cuerdas en do mayor', de Franz Schubert. Sea como fuere, a quien suscribe le gusta disfrutar de películas como ésta, que parecen suspendidas en el aire. Hasta el punto de que drogan, traen la euforia, liberan endorfinas y la respiración del espectador se vuelve pura salud cinematográfica.

Lo sé porque cuando las veo me echo en brazos de la vida, me dejo acariciar por los fantasmas de la ficción y después gozo jugando a los dados con mi propia capacidad sensorial. Un filme empeñado en demostrar que el papel de las musas es vital, personificado aquí por Kim Min-hee, una actriz dispuesta a ofrecer a su director el agua de jade, la esencia de su zona más íntima. Quizás en sintonía con Josef von Sternberg y Marlene Dietrich ('El expreso de Shanghai', 1932). Pero, si Marlene fue la musa de mármol, Kim Min-hee lo es de porcelana, aunque a la fina actriz oriental le falta recitar con aquella exquisita picardía esta canción de Marlene: «Estoy hecha para el amor de la cabeza a los pies...».

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