AFAMADO SIN VOCACIÓN DE POPULAR

CRÍTICA DE ARTE - ALBERTO PIZARRO

Hay muchos paisajistas en La Rioja. De los tres formidables uno es José Ignacio Amelivia. Elucide el lector los otros. Si a lo largo del año hay pocas exposiciones imprescindibles, la que inauguró el día 18 de noviembre en Galería Aguado es una de ellas. De ahí la enorme concurrencia, tanto de féminas, algunas con un imperio y una macicez que removieron nuestras antiguas inseguridades; como de pintores riojanos y navarros, se conoce que a tomar nota.

En pocas muestras he detectado tal unanimidad en cuanto a la apreciación de la calidad. Quizá sea debido a que el pintor es capaz de hacer un trozo de paraíso de un paisaje anodino, a través de una composición en la que entran en juego principalmente la luz y el color... Y el toque, la pincelada, que delata su huella.

En un grupito de entendidos se suscitó si era 'macchiaioli' o impresionista. A mi parecer es un 'corotiano' (hace depender el color de la luz espacial del lugar). Si no fuese porque me saldría de página, glosaría su amplísima paleta, cómo deconstruye el paisaje, su relativo 'cezanismo', la refutación práctica de un principio pictórico básico para conseguir el efecto espacio (enfriar el fondo y caldear el primer término), etc. Lo que nos llevaría a concluir que estamos ante un verdadero maestro del género, ante un pintor de pintores.

Licenciado en Geología y Bellas Artes, tiene un sentimiento profundo de la naturaleza. Elige el momento lumínico propicio, lo capta fidelísimamente y lo acentúa poéticamente. Su estética 'plenairista' contagia un vigoroso sentimiento del natural, ofreciendo un ambiente vivo, palpitante y popular, espontáneo y fresco, subordinando la emoción a la sensibilidad.

Ha sacado la pintura del estudio-taller, llevando tras de sí al grupo Paisajistas de La Rioja -del que se ha convertido, sin pretenderlo, en incontestado e incontestable adalid- ejerciendo 'gratis et amore' una paciente labor pedagógica con algunos de sus componentes.

Si en lo pictórico es dado a las medias tintas, en lo personal, no. Mantiene un voluntario alejamiento del ambiente artístico local, en el que simpaticones pintamonas han logrado gran popularidad; no así buena fama, pues ésta no admite componendas. En atención al aficionado que valora mejor la obra tras conocer algún matiz de la personalidad del hacedor, cumple decir que Amelivia es educadamente introvertido, culto, irónico, familiar, melómano, catedrático de Dibujo en Logroño y que en los certámenes de pintura rápida ha obtenido un apabullante número de premios. Y en atención a los amantes de las 'frivolités', que su padre, como el de Dalí, fue notario.

Siendo tal su talento, podría pensarse que está satisfecho. Pues no. En la hora de las ilusiones, tiene la manera de Sargent desafiándole. Renovarse o morir. No sería de extrañar que del acrílico y el óleo pasase a practicar más con la acuarela; del paisaje al retrato. ¿Será esta exposición un fin de ciclo y lo que cuelgue en la próxima algo radicalmente distinto? Sea como fuere, ojala estemos usted y yo para disfrutarlo. 'Seria fantàstic'.

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