«Nosotros acabaremos con el planeta pero no me preocupa, algún día tenía que ser»

El psicólogo Rafael Santandreu (Barcelona, 1969). :: n.c.
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El psicólogo Rafael Santandreu (Barcelona, 1969). :: n.c.

Rafael Santandreu Psicólogo y escritor El prestigioso y controvertido psicólogo catalán regresa al Aula de LA RIOJA-UNIR con su última entrega literaria en pos de la felicidad, 'Nada es tan terrible'

ESTIBALIZ ESPINOSA* EESPINOSA@DIARIOLARIOJA.COM LOGROÑO.

Ya nos visitó anteriormente con 'El arte de no amargarse la vida', 'Las gafas de la felicidad' y 'Ser feliz en Alaska'. Hoy, Rafael Santandreu vuelve al Aula de Cultura LA RIOJA-UNIR (20.00 horas en el Centro Ibercaja Portales) con su libro 'Nada es tan terrible' y con una charla sobre 'Las enseñanzas de los más fuertes y felices'.

-Empecemos haciendo terapia. Hoy tengo un trancazo terrible, me duele la cabeza y diría que me han apaleado. ¿Cómo lo enfoco en positivo?

·La charla en directo en
www.unir.net/auladecultura

-Aprende a estar con ese malestar y disfruta, piensa que puedes ser feliz en esa situación por muchas razones. Si te acostumbras a hacer las cosas en cierta adversidad física, cada vez te costará menos ese hecho. Hay una parte nueva de mi libro donde hablo del sufrimiento, que es inevitable pero que también tiene una parte buena. Si afrontas ese sufrimiento con los ojos abiertos para aprender y traspasarlo, va a suceder que tu cuerpo-mente se va a ir adaptando a esa situación y, como le pasa al alcohólico, que cada vez necesita más alcohol para que le haga efecto, tu cuerpo-mente también va a necesitar de más sufrimiento para que lo notes. Y eso es una gran liberación, un pasaporte para la felicidad. Ese es el sistema que utilizamos para tratar los ataques de pánico, que afectan al 10% de la población y que se vencen dejando de tener miedo al miedo, exponiéndote y dándote cuenta de que no pasa nada. Y cuando consigues estar medianamente cómodo en medio del vendaval, el miedo desaparece.

«Deberíamos abrirnos al sufrimiento porque es inevitable y aporta muchas cosas buenas»

-Contemplar ciertos sufrimientos como una puerta abierta a cosas buenas se me antoja un acto de fe.

-Pero es un hecho, funciona así, y las personas que lo hacen les sucede el milagro increíble de que su umbral de dolor, de tristeza, de nervios baja muchísimo y se transforman en personas fuertes. Por lo tanto, ábrete al dolor, porque es inevitable y aporta cosas buenas.

-¿A usted le acecha algún miedo?

-He perdido muchísimos miedos, quizás un 80 o 90 por ciento de los que tenía. Por ejemplo, no le tengo ningún miedo a la muerte, tampoco a la enfermedad, a hacer el ridículo, la vergüenza no me afecta... Supongo que todavía tengo alguno, pero los traspaso.

-Habla de que lo único que garantiza la felicidad es no quejarse y apreciar lo que a uno le rodea. ¿No cree que la queja también puede ser constructiva y beneficiarnos?

-No, porque la queja siempre implica un lamento y parte del malestar, que es pesado, es irreal porque solo te deja ver lo malo, te afecta psicológicamente y las soluciones que se te ocurren son demasiado dramáticas.

-Pero no quejarse nunca es signo de resignación, que tampoco parece cosa sana.

-A cambio de la queja propongo aportar proyectos de cambio. La gente reacciona mucho mejor ante las propuestas en positivo que ante las quejas, luego lo opuesto a la queja no es la resignación sino dar ideas, proponer cambios, soluciones. Por ejemplo, yo no me quejo de mi ciudad, me parece maravillosa, vivo feliz en Barcelona y Ana Colau es una tía increíble, pero creo que podríamos hacer cantidad de cosas maravillosas y yo, de hecho, intento contribuir enviándole cartas con mis propuestas.

-¿Y le ha dado respuesta a alguna?

-Sí, en casi todas me dice 'Rafael, cómo mola esto'.

-¿Pero lo llega a hacer?

-Por ahora no, pero no pierdo la esperanza. Supongo que hay otras prioridades, pero el día que salga una lo voy a flipar.

-Dice que hacemos de todo un drama, de cualquier incomodidad cotidiana o problema. Ayúdenos a desdramatizar.

-Hay que reducir tus necesidades a las reales, que son el agua y la comida del día. Otra respuesta sería que la perfección no existe en el universo, por lo tanto no busques perfección en la vida. Además, si la hubiera sería insoportable. Otra cosa que ayuda a desdramatizar es tener una visión amplia de la vida, cósmica, porque en esa mirada vemos que no hay nada muy importante sobre la tierra. Hay que manejar la paradoja de la importancia de las cosas para darnos cuenta de que la vida es maravillosa pero, al mismo tiempo, no es muy importante, por tanto no hay nada por lo que armar un drama. Si cae un meteorito sobre la tierra y lo revienta todo está bien.

-También defiende que ser felices pasa por la renuncia. ¿A qué ha renunciado usted?

-Renuncio cada día a millones de cosas que podrían suceder, sobre todo a posibilidades mentales. Por ejemplo, voy a un restaurante, el camarero tarda mucho y para no ponerme nervioso hago una renuncia mental y me digo: 'Si hoy no comiese, ¿podría ser feliz?'. 'Hombre claro -me respondo-, incluso me vendría bien para adelgazar', y ya estoy relajado y espero a que el camarero me atienda cuando quiera. La renuncia mental hay que hacerla constantemente ante las cosas que parece que no van a salir como estaban previstas. Pero no pasa nada porque no salgan. Luego la vida ya te hará renunciar de facto a algunas cosas. Yo, por ejemplo, en estos momentos estoy soltero porque la vida me hace renunciar a una relación sentimental, pero me doy cuenta de que eso tampoco es necesario para ser feliz. A priori no renuncio a nada, pero cuando la vida me hace renunciar, lo acepto con alegría como ejercicio de liberación.

-Nadie necesita trabajar. ¿Cómo se come eso? O mejor, ¿cómo se come de eso?

-Yo defiendo que nadie necesita trabajar para ser feliz porque ya tenemos las necesidades cubiertas y siempre podrías hacer cosas valiosas.

-Pero si nadie trabajara en nada viviríamos en un planeta virgen...

-... con lo cual volveríamos a la cordura de donde nunca debimos salir, viviríamos como cazadores/recolectores, el planeta tendría una oportunidad de sobrevivir y la gente viviría feliz, tranquila, sin depresión, ansiedad ni estrés. Pero no va a pasar porque la locura de la sociedad es demasiado grande y no se puede detener. Nadie necesita un trabajo; ahora, si decides tenerlo, disfruta.

-Que es su caso.

-Sí, de hecho pienso que el trabajo es una de las oportunidades más maravillosas de disfrute del ser humano, pero para aprovecharlo tienes que andar ligero porque si tienes miedo de perder el puesto vas agarrotado y ni siquiera vas a tener éxito. Yo, por ejemplo, si no trabajara de psicólogo, a lo mejor vendería naranjas; ahora, vendería las mejores naranjas de Barcelona, haría unos zumos que te cagas, conocería a mis clientes... me lo pasaría pipa.

-Sus libros están plagados de anécdotas y ejemplos que acercan sus teorías a la gente de la calle. A este paso acabará cerrando su consulta.

-Sería maravilloso, significaría que vivimos en un mundo más lógico y feliz, y yo podría dedicarme a vender naranjas.

-Las mejores de Barcelona.

-Sí, pero creo que eso no va a pasar porque la locura de la multitud, de la vida moderna, es demasiado grande. De hecho estoy convencido de que nosotros acabaremos con el planeta y la civilización, lo que pasa es que no me preocupa mucho porque, ¡coño¡, algún día se tenía que acabar.

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