El abastecimiento de agua, amenazado por la ausencia de lluvias del otoño

Embalse de Contreras, entre Valencia y Cuenca. :: H. K. / Reuters/
Embalse de Contreras, entre Valencia y Cuenca. :: H. K. / Reuters

La sequía más grave de los últimos 20 años alcanza registros mínimos en los pantanos de las cuencas del Júcar, el Segura y del Duero

J. LUIS ÁLVAREZ MADRID.

El primer temporal de lluvias del otoño ha pasado sin pena ni gloria. Llovió, pero las reservas hídricas necesitan muchas más precipitaciones, dado que el volumen de los embalses apenas supera el 37,3% de su capacidad, lo que representa 20.920 metros cúbicos. Solo la sequía registrada en 1993 y 1994 dejó a los pantanos todavía más secos, con el 35,13 y el 24,81%, respetivamente.

La situación especialmente grave en las cuencas del Miño-Sil, que se encuentra al 39,3% de su capacidad; del Duero, al 29,9%; del Guadalete-Barbate, al 39,4%; del Guadalquivir, al 31,5%; de la Mediterránea Andaluza, al 31,7%; del Segura, al 13,3%; y del Júcar, al 25,1%, según los registros correspondientes a esta semana. Por este motivo, el suministro para el consumo está amenazado en localidades que nunca pensaron que iba a ocurrirles en Galicia o Castilla y León. En la Comunidad de Madrid sólo hay reservas de agua para un año.

Esta situación es consecuencia del nefasto año hidrológico, que se cerró el 30 de septiembre con un déficit del 15%. Según explica Rubén del Campo, portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), «se puede hablar de una acumulación de precipitaciones inferior a la media». Y esto es debido a que «las borrascas de origen atlántico han brillado por su ausencia. Ha dominado más el anticiclón y no han llegado las lluvias generalizadas a la península».

Pero el año hidrológico 2017-18 no ha comenzado mejor. «El pasado octubre fue el más seco del siglo XXI y el sexto con menos precipitaciones desde 1965», detalla Del Campo, para precisar que «sólo se acumuló un 33% de la media habitual para este mes». Las precipitaciones solo fueron superiores a los valores normales en pequeñas áreas de la costa catalana, Huesca y sur de Andalucía.

En noviembre han llegado al fin los deseados frentes atlánticos. Las previsiones hasta finales de mes, según el experto de la Aemet, apuntan a que «se van a producir precipitaciones sobre todo en el extremo norte. En el resto no serían abundantes».

Del Campo no puede precisar lo que sucederá en los próximos meses, porque los parámetros empleados para realizar la predicción estacional «no nos están dando una respuesta clara sobre si serán secos o lluviosos. Sobre la temperatura sí indican que será un trimestre cálido».

Mientras que en el norte se empiezan a secar los pantanos, en el sureste llegan a los cinco años de falta de agua. El Gobierno trabaja ya con planes de contingencia, identificando las actuaciones a realizar e incluso contempla «los escenarios más dramáticos», según anunció esta semana la ministra de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, Isabel García Tejerina. Estas medidas incluyen obras de emergencia y recursos adicionales, tanto para abastecimiento de la población como para los riegos agrarios.

La secretaria de Estado de Medio Ambiente, María García, precisa que que desde 2015 el Gobierno aplica en las cuencas del Júcar y del Segura los planes de sequía, en vigor desde 2007 y actualmente en revisión, que marcan los diferentes escenarios para actuar. A ellos se une ahora la cuenca del Duero. La responsable de Medio Ambiente destaca que lo prioritario, por ley, es atender el abastecimiento de la población, a la vez que insiste en que «el agua es un bien escaso» y debido al cambio climático «los periodos de sequía son más acusados, por lo que hay que lanzar un mensaje para el ahorro y el uso responsable del agua».

Desde las organizaciones conservacionistas destacan que la sequía está llegando a «niveles preocupantes». Para Amigos de la Tierra, la ausencia de lluvias tiene una importante repercusión en el sector agrario, que, según cálculos de las seguradoras, supondrá unos 200 millones de euros en indemnizaciones. «Pero es que además, la sequía tiene un efecto sobre la producción de electricidad», recuerda Héctor de Prado, responsable de cambio climático de la organización ecologista. «Si llueve menos y los pantanos están más vacíos, la energía que podemos obtener de esta fuente renovable, la hidroeléctrica, es menor y tendremos que empezar a quemar combustibles fósiles, lo que supone incrementar las emisiones a la atmósfera agravando el cambio climático», destaca.

Desde Amigos de la Tierra consideran que las soluciones «no consisten en llevar camiones cisterna con agua, sino en una política que dedique esfuerzos económicos y políticos» para paliar sus consecuencias.

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