La Rioja

«Soy su segunda madre y puedo decir que nadie le ha regalado nada»

Orduña se levantó ayer gris pese al sol de justicia que achicharró la Feria de San Juan, cita destacada del calendario festivo. La noticia de la muerte de su vecino más popular ensombreció las calles que le vieron crecer. Las condolencias con la familia, muy conocida y querida en la ciudad, no cesaron. A sus padres, Paco y Charo, que vinieron hace décadas a Orduña desde Galicia en busca de trabajo y que participan activamente en la vida social de la localidad, les pilló la noticia viajando a Francia junto a Xabier Sobrón, uno de sus mejores amigos y concejal del PNV en el Ayuntamiento urduñarra. «Era muy bravo, comentábamos los amigos. Todo lo que se proponía lo conseguía. En todo era bueno y el líder de la cuadrilla. Jugó al fútbol y era muy bueno en la pelota, deporte al que se podría haber dedicado profesionalmente. Un día nos dijo que iba a ser torero y nos dejó perplejos. Pero como en todo, lo consiguió a pesar de las zancadillas y de ser un torero vasco», recordó Joseba Oiarzabal 'Kakaito', su otro gran amigo.

Fandiño residía en Granada con su esposa Cayetana y la pequeña Mada, que cumplirá dos años en septiembre sin su padre. Estudió en la Compañía de María como tantos niños de Orduña y terminó sus estudios de COU en los Josefinos. «Cuando era pequeño saltaba la valla del colegio de las monjas para torear las vacas que pastaban al otro lado», cuenta Goio Moreno, uno de los miembros del club de 'txokos' Olaran. «Le concedimos el Perretxiko de Oro en 2015 por la difusión y la buena fama que daba a nuestra ciudad. Estaba muy orgulloso de ser orduñés», apunta Iñaki Cuadra, presidente de Olaran.

Si alguien conoce bien a Iván y a su familia es Encarni García, del bar Karmele, punto neurálgico de los amantes de la tauromaquia. «Soy su segunda madre. Como digo yo, madre sin parto. Estamos muy tristes. Organizaba las excursiones que hacíamos hasta Madrid cuando estaba empezado. Es un chaval muy querido al que nadie le ha regalado nada. Le he llamado esta mañana a su padre y no podía ni hablar».

A las doce del mediodía la trikitixa y los txistus dieron paso a unos minutos de silencio en la Foru Plaza, donde vecinos y visitantes improvisaron una concentración en su recuerdo. Un txistu que Fandiño tocaba de pequeño, como rememoró Idoia Aginako, alcaldesa de la ciudad. Iván Abasolo, 32 años y también torero, guarda muchos otros recuerdos: «Cuando jugábamos a torear en mi barrio o en la huerta de su abuelo... También entrenábamos juntos en la plaza. Me dio la alternativa y me ayudó mucho». Desde el Club Taurino Ochomayo, su presidente, Bernardo Ardanaz, no tiene dudas: «Es una pérdida irreparable».

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