La Rioja

La muerte a rueda

Un policía inspecciona el lugar donde murió atropellado un ciclista en Erice de Iza (Navarra).
Un policía inspecciona el lugar donde murió atropellado un ciclista en Erice de Iza (Navarra). / J. DIGES / EFE
  • Un ciclista fallece cada seis días en España. Algunos, por miedo, han dejado de salir los domingos por la mañana para evitar cruzarse en la carretera con los que vuelven de fiesta. Otros se han pasado a la montaña

En Senija, un pueblecito de casas blancas que es un remanso de paz en el cuerno de la provincia de Alicante, cerca del cabo San Antonio, el domingo era un día de fiesta en el que los padres ponen guapos a los niños que van a tomar la primera comunión. Pero no hubo festejos, sino caras tristes y llorosas en cuanto corrió la voz de que Alejandro Jaén, el hijo de Vicente, que fue alguacil durante 40 años, había muerto en la carretera. Alejandro, que había heredado la afición de su progenitor, que formaba a los chavales del Club Ciclista de Benissa, otro pueblo de la comarca de La Marina Alta donde vivía, no tenía claro si sacar la bicicleta esa mañana, pero al final se animó y marchó en compañía de su amigo Juanjo Pérez para darle al pedal.

Ya habían dado las ocho cuando un BMW arrolló a Alejandro en la carretera nacional 332. El conductor se fugó. Unos minutos después, el coche, con algún desperfecto, le dio mala espina a una pareja de la Guardia Civil, que, por puro instinto, decidió no perderlo de vista. Cuando les notificaron a los agentes lo que había sucedido, detuvieron al conductor. El joven, un holandés de 25 años y vecino de Ondara, también en la comarca, no alcanzó la tasa máxima permitida de alcohol, pero sí dio positivo en el control de drogas y ayer se supo que había esnifado cocaína antes de la tragedia.

El accidente se produjo en la N-332 a la altura del término municipal de Oliva, a solo cinco kilómetros del lugar donde un mes atrás, el 7 de mayo, una conductora borracha y drogada golpeó con su vehículo a un pequeño pelotón de seis ciclistas. Dos fallecieron en el acto, otro murió días después, dos sufrieron heridas y un sexto salió ileso.

Jaime Escortell vio el coche cuando ya iba lanzado hacia ellos a solo dos metros y a 90 km/h. Pasó a su lado, a un palmo, como una centella y cuando se giró ya solo pudo ver el horror. La noticia de una nueva muerte en ese tramo aviva su desánimo. Reclama más presencia policial, pero, cuando se le explica que la Dirección General de Tráfico había reforzado los controles en la carretera desde su atropello, aflora el escepticismo. «Yo creo que la gente los espera. No sé si porque tienen una aplicación de móvil o porque se pasan las ubicaciones, pero siempre los pueden esquivar por carreteras o caminos alternativos que ya se conocen...».

No se le ha ocurrido volver a subirse al sillín y tiene claro que, aunque sea recomendable aumentar los controles y endurecer la ley para crear un efecto disuasorio, el problema viene de raíz. «Es algo cultural, de educación, de saber que si sales a beber y a drogarte no estás en condiciones de subirte al coche y que es mejor coger un taxi. Pero, claro, si se han gastado un dineral en alcohol y drogas, a los jóvenes no les queda para el taxi. Lo van a seguir haciendo, así que yo ya tengo claro que no volveré a salir un domingo por la mañana: recoges a toda la chusma».

Los no laborables son los días ideales para disfrutar de tu afición y hacer deporte, pero el último fin de semana fallecieron cinco personas. Las estadísticas en España son estremecedoras: muere un ciclista cada seis días. La N-332 lleva la negra, con cuatro muertes en cinco semanas. Joan Félix Ribes es el presidente del Tri Ondara, el club de triatlón de este pueblo donde reside el presunto homicida. Joanfe explica que toman esa carretera casi cada vez que salen a rodar. «Pasas por ahí y ya decides si quieres montaña o llano. Pero ahora nos planteamos no volver a circular porque sales a hacer deporte y acabas jugándote la vida».

Una carretera engañosa

Este triatleta alicantino explica que ese tramo de Oliva a El Vergel recoge también a muchos de los jóvenes que vuelven de fiesta de los dos principales núcleos de ocio de la zona: la playa de Gandía y Dénia. «Ahora, con tanto accidente, muchos dicen que nosotros también tenemos parte de culpa porque circulamos mal por la carretera, pero por esta es imposible. Es una recta bien asfaltada y vas por un arcén bueno. Aunque sustos siempre te llevas, porque el metro y medio de distancia de seguridad muy pocos lo respetan. Y luego está lo de ir pasado en el coche. Yo, si bebo, no lo cojo».

Joanfe explica también que esa carretera está muy transitada por ciclistas noveles u otros más experimentados que están volviendo a coger la forma. «Es ideal para el que empieza porque puedes ir empalmando las partes llanas, pero ahí se acumula mucho tráfico porque la alternativa, una carretera paralela, la que va de Pego a Oliva, tiene un asfalto fatal y es muy incómoda para ir en bici».

El alcalde de Oliva, el municipio que se está haciendo tristemente célebre por los accidentes, contradice a los ciclistas, que apuntan que ese tramo de la N-332 no encierra peligro por sí mismo. «Es una recta aparentemente segura , pero es engañosa. Ahí desembocan muchísimos caminos rurales, carreteras locales, urbanizaciones y hasta polígonos industriales. Y de ahí se incorporan en condiciones muy precarias. Al ser una recta, muchos conductores superan los límites de velocidad y se producen muchos adelantamientos, incluso en zonas donde está prohibido. Nosotros llevamos años pidiendo que añadan alguna rotonda. Aunque todo esto da igual si el conductor va borracho o drogado».

Desde la Federación de Ciclismo de la Comunidad Valenciana, José Saurí, delegado de cicloturismo, asegura que, el fatídico domingo, un ciclista llamó a la Policía desde la zona del accidente y denunció que se estaba celebrando una fiesta en un descampado, pero que no apareció nadie. Saurí cree que la única salida a este problema es «endurecer la ley, y si un conductor encima se da a la fuga que no pueda volver a coger un coche». En la federación han detectado que, en los últimos tiempos, por miedo, muchos aficionados han cambiado la carretera por la montaña.

Fernando Ferrari, uno de los grandes expertos de España en ciclismo, responsable del portal Ciclo21, sigue fiel a la carretera, pero ya hace tiempo que dejó de salir los domingos por la mañana. «No me compensa», afirma. Aunque añade varios factores a este incremento en las desgracias ciclistas: un aumento de censo con muchos usuarios provenientes del triatlón, y la primavera, con amaneceres muy tempranos que animan a salir pronto para evitar las horas de más sol y calor a mediodía, lo que provoca que se solapen con los que vuelven de juerga. «Yo creo que el azar también ha intervenido en el número de víctimas de este año. Es muy probable que pase mucho tiempo hasta que muera otro ciclista en Oliva».

El delegado de Gobierno en la Comunidad Valenciana, Juan Carlos Moragues, anunció, tras reunirse con el director de la DGT, Gregorio Serrano, que están trabajando para ofrecer «rutas más seguras» que contarían con mejores arcenes, una reducción del límite de velocidad los fines de semana y más controles, algo que ya han puesto en práctica, alrededor de las zonas de ocio.

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