La Rioja

UN RIOJANO 'PATA NEGRA'

UN RIOJANO 
'PATA NEGRA'
  • Hace 50 años que el padre José Alfaro salió de Logroño, donde nació, y se plantó en Argentina, donde conoció y trató al Papa Francisco. Pasó luego a la India, donde él dice que se convirtió

Escribo la víspera del Día de La Rioja, de la cita anual de San Millán, de los galardonados con la Medalla de La Rioja, y en esto que me llega al despacho una sencilla publicación que se titula 'Anchomundo' y que no es otra cosa que un fiel reflejo de lo que hacen por esos mundos de Dios los misioneros escolapios. Y, mira por dónde, ojeándola medio distraído me doy de bruces con la siguiente noticia que me alertó del todo: «José cumple 80 años». Me fijo en la foto y veo en ella que el tal José no es otro que el padre Alfaro, José Alfaro del Valle, un riojano fenomenal con el que yo desde el obispado he mantenido bastante correspondencia, hace ya algunos años, pero sin ponerle cara. Hoy se la he puesto.

Se trata de un logroñés nacido en 1937 en el barrio de san Antonio, que estudió en Escolapios y que se sintió llamado a ser un buen seguidor de san José de Calasanz y que se formó, entre otros centros, en el ya desaparecido colegio-teologado de Albelda. Dotado de una sólida preparación -Teología en Roma, Química y Lengua en Zaragoza-, supo bien pronto que lo suyo no era ni la investigación ni la cátedra al uso, sino que él habría de enseñar de otra forma y en otro sitio, en el Tercer Mundo. Allá por el año 84 marchó a la misión de Quimil en Argentina, a una zona de extrema pobreza, con un clima realmente endiablado -con decir que casi carecían hasta de agua potable-, y allí realizó una gran labor social y cultural y, por supuesto, religiosa que le sirvió del mejor entrenamiento para otras causas aún más ambiciosas y complicadas.

En el 93 dejó atrás Argentina y marchó a la India. Fue a una región del sureste donde comenzó una labor sencillamente insuperable con los niños más pobres. Para aclararse mejor con la chavalería se metió entre pecho y espalda el estudio de la lengua malayalam, que no es precisamente un paseo militar. Más adelante, nuestro héroe se las tuvo que ver con el hindi, que al parecer es la lengua más o menos nacional de la India, y posteriormente con el mundari, otro dialecto regional, al que cogió tanto cariño que para el 2003 ya había terminado un diccionario castellano mundari, con más 12.000 palabras, que no son moco de pavo.

Pero lo más importante: visto el horroroso panorama de la educación en ese inmenso país, se metió de hoz y coz en la construcción de una escuela para más de 500 niños, los más desfavorecidos y olvidados. Más adelante, aún construiría otra escuela en Darang, sabedor de que lo mejor y más valioso de un país son sus gentes, sus gentes bien preparadas para ser libres y responsables.

Después de una estancia en la India de más de veinte años, el padre Alfaro se ha establecido en Nepal. Tiene la gran habilidad de haber aprendido los idiomas locales que le sirven para decir misa y para hablar con toda la gente del pueblo. El mérito es mucho mayor, dado que la sociedad de la India es muy jerarquizada y no todo el mundo puede -ni quiere- hablar con todo el mundo, sobre todo los parias. Prejuicios ancestrales. Nuestro riojano hoy es apreciado y respetado por una gran variedad de gente de ese país de contrastes que es la India, en concreto alumnos, padres y parroquianos lo quieren con locura. ¿Razón? Se ha hecho un pobre entre los pobres para ganarlos a todos para el evangelio y para el bien del pueblo.

Resumiendo: el padre José Alfaro hoy en día, y con sus ochenta años, es el único misionero europeo que trabaja en una zona tan difícil como es el Nepal, en la India. Hace 50 años salió de Logroño, donde nació, se plantó en la Argentina donde conoció y trató al Papa Francisco. Pasó luego a la India donde él dice que se convirtió, esto es, donde aprendió a estar con la gente, y donde se encuentra absolutamente feliz «comiendo arroz y hierba», como él mismo dice con humor, pero haciendo el bien a raudales.

En buena parte de la India conocen la existencia de La Rioja gracias a este logroñés universal. Él no lo quiere, pero ¿verdad que se merece un reconocimiento en forma de una Medalla de La Rioja? Él no ha hablado conmigo ni yo con él; más aún, no tiene ni la más remota idea de que yo estoy escribiendo sobre sus quehaceres en la India. Es una cosa mía y solamente mía. Pero me parece interesante y estimuladora. ¡Feliz San Bernabé y feliz Día de La Rioja!

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