La Rioja
REBELDES SIN PAUSA

REBELDES SIN PAUSA

La calle Bretón parece estos días la Gran Vía madrileña; solo falta el Corte Inglés. Pero lo que vende aquí es el espectáculo. Si es usted fan de la película, le entusiasmará el musical. Si le horrorizó, ¿qué demonios hace aquí? Y si no la vio, es usted un marciano con suerte: ha llegado al planeta Logroño justo a tiempo para la fiesta revival bernabea. Este es el nivel: una historia medio infantil, un romance adolescente, un montaje del copón de la baraja y, lo más importante, mucho baile caliente para adultos nostálgicos y jóvenes promesas del melodrama dance.

A nadie en su sano juicio se le ocurriría montar un musical de 'El resplandor' -¿o sí?-, pero hacerlo de 'Dirty Dancing', la película más merengosa de la historia del cine merengue, era una cuestión de emergencia mundial. Desconozco cómo han podido vivir estos treinta años los adoradores de Patrick Swayze y sus clases de baile personalizadas en el hotel de montaña Catskill -quizás dándole al replay hasta desgastar el dedo-, pero ahora ya pueden morirse de gusto con esta versión teatral tan digna del original hollywoodiense.

Los americanos, cuya cultura general se remonta como mucho a Walt Disney, la consideran un blockbuster, la versión rompepistas de la Dama y el Vagabundo. Nosotros, que fuimos obligados en la escuela a leer a los clásicos, podemos imaginarla -muy osadamente- como un Romeo y Julieta del baile de salón con final feliz y moralizante en el país de los saldos. Niña de Harvard de vacaciones con papá y mamá en un hotel de verano para discapacitados normales se enamora del malote bien dotado que se divide entre ser rey de las pistas y de las camas de las señoras. Todo un molde para un subgénero del cine románticomaniaco pensado para mujeres con desvelos de volar en muchos sentidos.

También este musical, otra de esas megaproducciones internacionales franquiciadas a la española, es un éxito en pleno vuelo. Aunque el rigor teatral, como a menudo ocurre en estos espectáculos, es menor, en este al menos aciertan con un tono cómico, a veces incluso paródico, que ayuda a hacerlo más simpático y llevadero desde el comienzo. La segunda parte, cuando el drama romántico se suelta la melena, se cruza con el generacional, la lucha de clases, la marcha por las libertades, Luther King, la paz mundial y otras cuestiones que aquí parecen fuegos artificiales, cuando se quiere hacer rebelde sin mejor causa, empalaga bastante y se agradece que los esforzados artistas se limiten a bailar.

A fin de cuentas, de eso y nada más va 'Dirty Dancing', de dar el salto y atreverse a bailar pegados. Eva Conde, Christian Sánchez y el resto del amplísimo elenco lo hacen siempre a ritmo trepidante y cumplen con creces entre los continuos cambios de decorado y de registro. Es un musical con pocas canciones, abundante música grabada, incluidos los grandes hits de la película, y muchos números de baile perfectamente ejecutados que desatan la euforia. Con todo, lo más redondo del espectáculo, y lo más aplaudido, es el culo del protagonista. Y con razón. ¡San Bernabé al pilón! ¡Viva san Patrick Swayze!

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