La Rioja

La Fábula del oasis literario

  • La revista de Arlea y la UR llega a los cuarenta números publicando a autores noveles junto a padrinos consagrados

Miércoles 13 de marzo de 1996, piso superior del Café de La Luna, absolutamente abarrotado. La masiva asistencia confirmaba las sospechas sobre la acuciante hambre de actividad literaria en el Logroño de hace [ya veintiún] años: sin duda el terreno árido necesitaba un chaparrón vivificante de letras...»

Era la presentación de Fábula, la revista literaria concebida en el campus universitario de Logroño y actualmente coeditada por la Asociación Riojana de Lectores, Escritores y Artistas (Arlea) y la Universidad de La Rioja (UR). Hoy, cuarenta números después de sembrar aquella primera semilla en este oasis cultural de papel y letras, su fundador y director, Carlos Villar Flor, considera que «ha consolidado su trayectoria y sigue persiguiendo su objetivo de llegar a ser un referente de la nueva literatura escrita en castellano».

Cuenta la escritora madrileña María Tena que Fábula «nació en la época del hambre», e incluso en la época de la sed -cabría añadir-, como un oasis literario en medio del desierto. «Fue en 1996. Un grupo de filólogos, unos cafés, unas tertulias... Pero sobre todo aquel hambre de cultura [aquella sed] que había en Logroño. Esa fuerza del deseo de leer y de escribir que, cuando se pone en marcha, todo lo puede».

Muchos son los que en todo este tiempo han acudido a beber a este oasis «para escritores que leen y para lectores que escriben». «Lo que nos ha caracterizado -explica Villar Flor- es proporcionar las primeras, segundas y enésimas oportunidades de que alguien te lea». Es, en efecto, un consuelo y un cierto motivo de esperanza para autores noveles que se hartan de recibir cordiales evasivas de editoriales y, al mismo tiempo, una generosa contribución de humildad por parte de los autores consagrados que apadrinan cada número.

«Si bien no son los destinatarios prioritarios de Fábula, contribuyen a aportar prestigio -matiza el director de la revista antes de enumerarlos-. Un consejo de honor formado por autores señeros de las letras españolas -Lorenzo Silva, Luis Alberto de Cuenca, José María Merino, José Jiménez Lozano, Ángela Vallvey, Juan Manuel de Prada y Diego Valverde- apadrina de modo permanente la publicación, y en cada número no falta la firma de algún escritor nacional que avala con su confianza la calidad de los contenidos».

«Así, han publicado en Fábula, además de los anteriores, firmas como Miguel d'Ors, Rafael Azcona, Fernando Schwartz, María Tena, Antonio Orejudo, Andrés Neuman, Andrés Trapiello, Antonio Gamoneda, Juan Pedro Aparicio, Bernardo Atxaga, Andrés Barba, Antonio Gómez Rufo, Medardo Fraile, José Ángel Mañas, Andreu Martín, Suso de Toro, Rubén Abella, Andrés Pascual, Carlos Pujol, Miguel Sánchez-Ostiz, Jorge Riechmann, Óscar Esquivias, o Pedro Zarraluki. Asimismo, han concedido entrevistas exclusivas autores como Noah Gordon, Ana María Matute, Luis Landero, José Saramago, Soledad Puértolas, Leopoldo María Panero, Francisco Nieva, Juan Mayorga, Josefina Aldecoa, Antonio Muñoz Molina, Estela Chocarro, Vanessa Montfort o Álvaro Pombo».

Un espacio único

Pero más importantes aquí que los autores consagrados son las decenas de escritores jóvenes y mayores, riojanos, españoles e internacionales, que han encontrado en Fábula espacio para dar a leer sus poemas, relatos o ensayos, un espacio que no encontrarían en otro lugar. Hasta 38 firmas, entre ellas la del veterano poeta local Roberto Iglesias tras cinco años sin publicar, ocupan las páginas de este último número. Junto a él, otras voces como las de Alfonso Rubio, Enrique Cabezón, Paul Vinicius o Isabel Blanco Ollero.

La revista también rinde homenaje a Antonio Cillero (Navarrete, 1917-Madrid, 2007) a través de su hija Aurora, escritora y directora teatral.

Letraheridos todos con sed de compartir literaturas acuden a beber a este encuentro de historias. Así, como lo recuerda Villar Flor, «como fruto del arte de compartir surgió el propósito de crear una revista que sirviera de vehículo comunicativo entre todos los que soñábamos con escribir, o mejor, escribíamos y soñábamos con que nos leyeran».

Así surgió Fábula y así pervive en mitad del desierto. «Un producto de la ilusión mantenida a través de los años, transmitida de uno a otro de los colaboradores que han tomado el testigo de la revista». No es ningún espejismo, es un oasis.

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