La Rioja
Madelaine Peyroux comenzó a cantar con 15 años en las calles de París. :: l.r.
Madelaine Peyroux comenzó a cantar con 15 años en las calles de París. :: l.r.

Los himnos más personales de Peyroux

  • La artista de jazz estadounidense presenta hoy en Riojafórum (20.30) 'Secular hymns'

Tras su cautivadora voz, que muchos asocian a la de Billie Holiday, figura una personalidad poco complaciente. Como tampoco lo es su relación con la fama, aderezada con un pánico escénico que le dificulta actuar en grandes lugares.

Hoy, Madelaine Peyroux (Georgia, 1974) lo hará en el Auditorio de Riojafórum (20.30 horas) para presentar su último álbum, 'Secular hymns', un conmovedor trabajo en el que blues, jazz y funk conviven de la mano de grandes figuras de estos géneros como Willie Dixon, Lil Green, Tom Waits, Townes Van Zandt, Allen Toussaint y el considerado como el primer gran compositor americano, Stephen Foster. Versiones, todas ellas, con el personalísimo sello Peyroux.

Muy particular, también, fue el nacimiento de este álbum de la cantante, guitarrista y compositora estadounidense. Ocurrió el verano pasado en la vieja iglesia normanda de St. Mary the Virgin, ubicada en la campiña de Oxford, donde Madeleine Peyroux ofreció un concierto dentro del festival que organiza el célebre cocinero francés Raymond Blanc. Impresionada por el sonido de su voz en aquel recinto, decidió grabar allí un disco, que luego acabaría llamando 'Secular hyms'.

Según palabras de la artista, «la música ha sido nuestra vida espiritual. Es lo que pienso de estos himnos seculares, canciones que son muy individuales, cargadas de introversión». Más aún, «son las canciones más personales que he grabado nunca», asegura.

Entradas a 24 y 18 euros

Madelaine Peyroux actúa hoy en Logroño arropada por Jon Herington (guitarra) y Barak Mori-Peyroux (bajo). Las entradas para el concierto cuestan 24 euros en palco y patio de Butacas y 18 euros en anfiteatro.

Veinte años y ocho discos después de 'Dreamland', su álbum debut, la artista continúa indagando en el jazz, «la música menos pura de todas porque está para derribar barreras», opina.

Barreras que Peyroux nunca se impuso o, quizá, le impuso su propia trayectoria vital, marcada por una familia poco común, una infancia nómada y una primera escuela musical en la calle, concretamente en las calles de París. A los 18 años se trasladó a Nueva York donde empezó a actuar en clubs. Luego llegaría todo lo demás.

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