La Rioja

«Soy español sin ganas»

José Manuel Caballero Bonald, ganador del Premio Cervantes en 2012. :: rocío ruiz
José Manuel Caballero Bonald, ganador del Premio Cervantes en 2012. :: rocío ruiz
  • José Manuel Caballero Bonald Escritor

  • El autor de 'Examen de ingenios' da su obra por cumplida y reitera que no añadirá «ni una línea» a sus memorias

José Manuel Caballero Bonald (Jerez, 1926) espera aún un asalto de las musas para escribir «un buen poema». «A ver si sale», dice, al filo de los 91 años, este rebelde con causa, irreverente poeta, mordaz narrador de genio desobediente y con una obra «cumplida». Alejado del mundanal ruido, el insumiso patriarca de las letras pasa revista a la realidad con motivo de la publicación de 'Examen de ingenios' (Seix Barral). A través de las semblanzas de creadores que admira o detesta, el Cervantes 2012 se retrata a sí mismo. Es un «español sin ganas» que se siente «desplazado e insultado por las multitudes vociferantes».

¿Se puede llegar a los 90 años y ser rebelde?

Se puede. Los motivos para serlo se acumulan a medida que uno se hace viejo. Es, al menos, lo que a mí me pasa.

¿No quedan heterodoxos a quienes entregarles el testigo?

Alguno queda por ahí. Aunque tal como andan las cosas debe viajar de incógnito.

¿Nos sorprenderá con otro poemario o nuevas memorias?

No creo. Este libro tiene mucho de memorias complementarias, y se nota. Con mis años, sólo espero escribir algún buen poema. A ver si sale.

¿No ha vuelto a sentir el aguijón de la poesía desde 'Entreguerras'?

La poesía llega de repente, como una visita inesperada. No se sabe ni cuándo viene ni cuándo se va. Eso le añade sugestión al asunto.

Cuesta creer que no haya ampliado sus memorias. ¿Ni una línea?

Ni una. Mis memorias, en sentido estricto, incluirían ahora el recuento de la transición. Y no me apetece en absoluto evocar esos seis o siete años posteriores a la muerte de Franco, que fueron terribles. Participé políticamente en esa difícil historia y me afectó muy a fondo. Adiós a todo eso.

Si fuera joven se iría a otro sitio. ¿Ve a la juventud domesticada, desapasionada o anulada?

Soy español sin ganas, como decía Cernuda. Veo una generalizada actitud acomodaticia. Se acabaron los ideales, los incentivos éticos. El pensamiento económico desplaza al pensamiento crítico. La cultura está ocupada por futbolistas, cocineros, personajillos famosos y así.

¿Cómo definiría España en la que vivimos hoy?

No soy partidario.

¿Está incómodo en un mundo superfluo, líquido, que diría Zygmunt Bauman?

Me siento desplazado, incluso insultado por las multitudes vociferantes. El gregarismo, el fanatismo, la sumisión, me quitan el sueño.

Trump, Le Pen, populismo, extremismo, el 'brexit'... ¿No le apetece dejar por escrito su juicio sobre un tiempo funesto?

Me apetece, claro, pero no me encuentro con fuerzas para escribir sobre nada de eso. Tampoco va por ahí mi trabajo literario. Aparte de que la derechización del mundo, los fascismos encubiertos, la epidemia de sumisos, me hacen pensar que ya no tengo ni tiempo ni ganas para luchar contra todo eso.

¿Le ha decepcionado Podemos, cuya eclosión saludó con cierto entusiasmo?

Tengo mis contradicciones. Aunque parezca pueril, no comparto los modales, las formas educativas, el tono general de Podemos. Una cuestión de estilo, pero considero muy oportuna su presencia en la vida parlamentaria.

¿Con qué criterio seleccionó a los 'examinados' en el libro?

Es una selección subjetiva de acuerdo con mis gustos y predilecciones. La única condición es que, aparte de escritores o artistas relevantes, fuesen amigos o al menos conocidos.

La desobediencia y la insumisión que admiró en Cervantes son su norte. ¿La comparte con alguno de los retratados?

Algunos tienen algo que ver conmigo y otros no se parecen en nada. Supongo que por esos retratos se filtra además mi modo de pensar, mi idea de la literatura, que es de lo que se trata.

¿Con cuál de ellos no iría ni a tomar café? ¿Y con quién a muerte?

A tomar café iría con cualquiera. Otra cosa es que con unos me apetezca más que con otros. Lo normal. De hecho, he mantenido cierta relación con todos los retratados, pero a algunos preferiría no volver a tratarlos.

¿Es preferible no conocer a quien se admira para no decepcionarse?

Sí, por supuesto. El ejemplo de Borges es quizá el más significativo.

¿Reajusta mucho sus juicios sobre los retratados?

Los retratos dependen, obviamente, de mi experiencia personal, de mis ideas. Algunos los he retocado según la evolución natural de mi gusto. Por lo demás, la literatura es también inventiva.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate