La Rioja

«La memoria no se puede perder nunca, por la gente que se ha quedado en el camino»

Nieves Concostrina en el cementerio madrileño de La Almudena. :: juan medina / reuters
Nieves Concostrina en el cementerio madrileño de La Almudena. :: juan medina / reuters
  • Especialista en resucitar historias de la Historia, Concostrina participa hoy en Vivanco en 'Maneras de contar la cultura del vino'

  • Nieves Concostrina Periodista y escritora

Hablar con Nieves Concostrina (Madrid, 1961) es hablar de vivos y muertos y disponerse a escuchar buenas historias que nunca nos contaron, o al menos no de ese modo. La periodista y escritora, muy popular por espacios de radio como 'Polvo eres' (Radio 5), 'El acabose' (RNE) y 'Acontece, que no es poco' (SER) y por un ya considerable número de libros, participa esta tarde en el Museo Vivanco en el ciclo 'Maneras de contar la cultura del vino'. Con sentido del humor y espíritu crítico, Concostrina recurre al tema tabú de la muerte para en realidad reivindicar otro ya casi tan muerto y enterrado, la memoria. No es una voz de ultratumba, pero resuena como un fantasma en la conciencia.

-¿Cómo contar la cultura del vino al estilo Concostrina?

-Reconozco que mi cultura del vino se limita a saber el que me gusta y el que no.

-¿Y cuál le gusta?

-Soy de blanco, aunque los expertos dicen que los bebedores de blanco no son buenos bebedores de vino.

-No me parece que usted haga mucho caso a eso tipo de comentarios.

-Pues no, y en cuestión de vino, tampoco.

-Y volviendo al tema...

-Lo que pretendo es que pasemos un buen rato charlando y satisfaciendo curiosidades que me consta que tiene mucha gente sobre por qué acabé yo hablando de muertos.

-¿Por qué fue?

-Es lo que siempre me preguntan, pero no es ninguna obsesión ni soy ninguna friki. Simplemente las circunstancias laborales me llevaron por ahí y estoy encantada. Simplemente es un trabajo que me gusta mucho, lo disfruto mucho y ya está.

-Su estilo no es precisamente blanco.

-No, es humor negro; es tintorro [risas]. Pero es para todos los públicos.

-A propósito de estilo, ¿cuánta importancia le concede al suyo? ¿Puede el estilo cambiar el sentido de la historia que se cuenta?

-El estilo influye. Si te pones muy seria y circunspecta, o muy sesuda, no creo que puedas interesar a nadie. Yo no soy historiadora, soy periodista, y lo que no puedo es ir de erudita por la vida. Lo que hago es utilizar un estilo para que todo el mundo me entienda y ponerle un poco de chispa.

-Me recuerda a Luis Carandell: culto, inteligente, rico en historias, con sentido del humor, capaz de hacer divertida una crónica parlamentaria, y con un punto macabro.

-[Risas] Sí, también tenía un libro de ese estilo, 'Tus amigos no te olvidan'. Era genial Luis Carandell.

-En su estilo hay descreimiento, no sé si incluso cinismo.

-Soy descreída totalmente porque con la historia nos han contado muchas mentiras, nos han disfrazado muchas cosas, nos han hecho creer lo que no es... Mucha gente se sorprende cuando hablo de Fernando VII y digo directamente 'el imbécil de Fernando VII'... Es que me da igual, es que ese señor lo era; nos hundió en la miseria, culturalmente nos dejó por debajo de cero... ¿Qué pasa, que por el hecho de que fuera rey no se le pueden pedir cuentas? Yo creo que la única forma de que los gobernantes que lo han hecho mal rindan cuentas es recordar lo mal que lo han hecho. Y estos fueron unos gobernantes vergonzosos. En fin, los Borbones traen mala prensa y qué te voy a contar de los últimos que no se sepa.

-Mejor no hablar, ¿no?

-Ese es el problema, la permanente autocensura. Menos mal que con lo de Botswana y las amantes del Rey nos la quitamos un poco de encima, porque, si no, aquí desde la prensa seguimos engañado al personal, edulcorando una historia cuando conocemos y callamos las verdades que hay por debajo... Ya sé que todo esto no lo vas a poner.

-Quizás estemos cambiando.

-Muy poco. Los periodistas somos bastante cómplices. Se puede decir que tal actor tiene una amante pero no que la tiene el Rey. Eso sí que es ser cínico. Seguimos manteniendo frente al alto poder, la Corona, la Iglesia, un respeto mal entendido.

-¿Las miserias de los personajes célebres los humaniza a nuestros ojos?

-No, porque nunca han sido divinos. Pero la gente se sorprende porque no nos han contado que tal rey hizo esto o que tal papa tenía cuatro hijos.

-¿Qué le sugieren las fotos del Valle de los Caídos?

-Lo peor no son las condiciones en las que están hoy los restos de cuarenta mil muertos, sino que en su día se llevaran de las fosas restos de republicanos sin permiso de sus familiares porque el enano del bigote quería llenar su mausoleo con 'los caídos de toda España' y que hoy lo sigamos manteniendo... Se me revuelve el estómago. Que esté ahí Franco es como si los alemanes exhibieran la tumba de Hitler. Es algo que solo pasa en este país. Es demencial. Lo de este país es una vergüenza, sobre todo cuando hace dos semanas se ha dado un enterramiento con honores a dos generales golpistas. No sé cómo no se nos cae la cara de vergüenza a todos... A todos los demócratas, claro.

-Aunque nos atropella la actualidad, usted parece reivindicar un periodismo de la memoria.

-Totalmente. La memoria no se pude perder nunca, sobre todo por la gente que se ha quedado en el camino y porque lo que ocurre hoy no ocurre por arte de birlibirloque.

-En su novela 'Antonia' homenajea a la generación de sus padres.

-Es una historia muy común, pero no se contaba por vergüenza: el hambre, los piojos, las infraviviendas, la incultura... Aquella generación son los que sufrieron la guerra y la posguerra y se sacrificaron para que nosotros pudiéramos llegar donde ellos no pudieron. Mis padres, humildes y analfabetos, solo tenían una obsesión: estudia. Su mayor indefensión fue no tener recursos culturales.

-¿Y cuál es el legado que dejamos nosotros a la siguiente generación?

-Han estudiado pero no han aprovechado los estudios. Educación, educación y educación. Es la base para saber elegir, para que no te engañen y para no caer en la desidia como nos ocurre en esta España nuestra absolutamente saqueada por la corrupción mientras nosotros seguimos de compras como si nada.

-¿Qué epitafio le inspira la España de hoy?

-Uno de Larra: Aquí yace media España, murió de la otra media.

-¿Y a quién le va mejor el que se atribuye a Groucho: Perdonen que no me levante?

-¡Hombre, esa es fácil! A Rajoy y su plasma.

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