La Rioja

MANSOS VENTORRILLOS

Mansearon a modo tres de los cuatro primeros toros. Con ellos se inició el desfile de ganaderías de sangre Domecq que serán mayoría absoluta en San Isidro. La corrida de El Ventorrillo fue prueba contundente de cómo se han ido abriendo las ramas del tronco primitivo. Tanto que las flores y los frutos se han hecho irreconocibles.

Mansedumbre sin excusa ni atenuantes: sueltos, escarbadores, parados, rajados, distraídos esos tres. O recularon o cabecearon o se quedaron a medio viaje. Se encogieron, se apoyaron en las manos, se defendieron, se dolieron, tardaron, probaron. Buscaron el refugio de las tablas. Cuando el cuarto cobardeó como suelen los toros afligidos, rompió desde el sector torista de las Ventas un coro de palmas de tango. El arrastre del tercero, de espectacular trapío con solo 480 kilos, estampa soberbia, fue castigado con muchos pitos. El del cuarto con una especie de bronca.

El tercero fue el de peor estilo, el más violento, el único propiamente incierto por su acusada falta de fijeza. Expuso con él el joven Román. Un alarde de sangre fría, firmeza llana y sin escondites. Torero en el blanco de la diana. No llegó a disparar el toro, que no fue tanto de sentido como difícil. Lo tumbó Román de una estocada extraordinaria: la fe, la reunión, la ejecución, la salida con la muleta en la mano. La estocada de la tarde.

Del empeño por darles a los mansos trato de bravos no se libró nadie. Ni el propio Román, obligado a exponer: la primera de sus dos tardes de San Isidro, torero novel que asoma la cabeza. Y la convicción, que se dejó sentir. Tanto como su natural y original desparpajo. De las dos cosas iba a haber segunda exhibición con el sexto de corrida, que manseó como los primeros, pero con peculiar estilo, huyendo y arreando, metiendo la cara también aunque de paso, dos o tres bazas tan solo.

Era la única tarde de Eugenio de Mora en la feria y lo abandonó la suerte sin la menor clemencia. Rajado el primero, que murió escarbando pero después de cuatro pinchazos, un descabello fallido, un aviso y una estocada caída el destino.

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