La Rioja

LIBERTÉ, ÉGALITÉ ET INFIDÉLITÉ

LIBERTÉ, ÉGALITÉ ET INFIDÉLITÉ

Creía yo que en Francia sería diferente, pero me engañaron. Creía que nuestros vecinos tendrían menos prejuicios, pero me equivoqué. Creía que estarían más avanzados en estas cosas, pero se ve que andamos más o menos a la par. Y no hablo de tener que elegir el mal menor entre Macron y Le Pen (aunque algo tendrá que ver). Me refiero nada más a las relaciones de pareja y al tipo de sociedad que describe Florian Zeller en 'La mentira', progresista de salón pero bastante conservadora. Aunque me temo que poner los cuernos se dirá de un modo más chic, en la práctica debe de ser igual de vulgar que a la española. Ingenuo de mí, que creía que ellos que le cortaron la cabeza al rey, que hicieron la revolución y se ilustraron para que nadie los devuelva jamás a la ignorancia, como nos pasó a nosotros, tendrían a estas alturas un criterio más elevado y no se encamarían en estas aburridísimas escenas de matrimonio burgués. El landismo, revestido de glamour, triunfaría hoy en París.

Tendría que escribirlo cien veces como lección: No creeré nunca al crítico de teatro. No creeré nunca al crítico de teatro... Leí que 'La mentira' sería diferente, que sería sorprendente, que incluso sería interesante... Leí todo tipo de alabanzas que luego me parecieron exageradas e interesadas; lo que en el argot huele a crítico 'sobrecogedor' (de los de coger el sobre). Leí que sería divertido y es cierto que público hubo que rió con ganas mientras yo bostezaba tántricamente, como eyacula Sánchez Dragó. Leí que incluso habría reflexiones filosóficas: 'Hay sabiduría en no querer saber siempre toda la verdad'. Una falacia puerilmente subrayada un par de veces. O mejor, una boutade, que es la forma francesa de decir chorrada sin atragantarse. Leí, en fin, que 'La mentira' era de verdad. Y la verdad es que era mentira.

Es cierto, me mintieron y llegaron a engañarme, aunque no con la historia y el modo de representarla, que pretende precisamente confundir al espectador para tenerlo entretenido y luego volver a confundir y sorprenderle, pero todo resulta bastante previsible y muy vulgar. Creo que entre Woody Allen y Yasmina Reza he visto ya cien veces esta misma historia de dobles parejas e infidelidad y me temo, a la vista de la prensa que sigue teniendo, que todavía tendré que verla otras cien. Como castigo.

Con su buena pluma de autor de moda, con su dirección impecable de argentino europeizado, con su atractivo reparto de actores muy profesionales, con su producción de perlas y sus excelentísimas críticas, cumple todos los requisitos para ser todo un éxito de mentira.

Jules Renard, otro escritor francés francamente cínico, aconsejaba decir de vez en cuando alguna verdad para que el resto del tiempo crean tus mentiras. Así que, háganme caso, no crean nunca al crítico; hay algunos a los que incluso les gusta el teatro verité.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate