La Rioja
El diplomático jubilado Inocencio F. Arias acaba de publicar sus memorias. ::
El diplomático jubilado Inocencio F. Arias acaba de publicar sus memorias. :: / L.R.

«En mi vida profesional me he movido un poquito al borde del abismo»

  • El Centro Cultural Ibercaja de Logroño acoge a las 20 horas la presentación del libro de memorias de Inocencio Arias 'Yo siempre creí que los diplomáticos eran unos mamones'

Con un título así el lector tal vez no sepa si acercarse o alejarse del libro: 'Yo siempre creí que los diplomáticos eran unos mamones' (Plaza&Janés, 2016). Son las memorias del célebre diplomático español Inocencio F. Arias, Chencho Arias (Almería, 1940), quien ha ejercido con UCD, Felipe González y José María Aznar, ha sido embajador de la ONU y ha ostentado el cargo, incluso, de directivo del Real Madrid. Este no es su primer libro pero sí son sus memorias, que presenta hoy a partir de las 20 horas en el Centro Cultural Ibercaja de Logroño.

-Empezamos con una pregunta casi obligada: ¿continúa pensando que los diplomáticos son unos mamones?

-En absoluto. Si después de conocer a varios diplomáticos me esforcé, y no era sencillo para nada, en entrar en esta profesión es porque descubrí que los mamones, que los había y los hay, eran una ínfima minoría. Los diplomáticos son gente seria, preparada, que sirve al Estado y que si frecuenta cócteles, cuida bastante su indumentaria, etc... es porque es parte de su obligación.

-Lo cierto es que la clase diplomática, como refugio que parece a veces de los políticos retirados, no cuenta con demasiada buena fama.

-En España hay muy pocos políticos retirados que busquen refugio en la diplomacia. En estos momentos dos o tres, lo que si tenemos en cuenta que hay 108 embajadas me parece un número exiguo. Pero es cierto que la gente tiene un concepto equivocado de nosotros. Creen que somos gente frívola, atildada, que nos importa un pepino lo que ocurre en nuestro país... Esto es una memez. Nos preocupa como al primero entre otras cosas porque nuestra profesión es defender a España y difundir nuestras cosas buenas, la cultura, el vino, las obras públicas, etc. Vuelvo al tema del cóctel. ¿Puede alguien creer que, después de haber asistido a veinte recepciones, uno no preferiría estar en el cine o en su casa viendo el partido Barcelona-Paris Saint Germain y la increíble actuación del árbitro turco-alemán? Yo casi preferiría cualquier cosa antes que el cóctel número 21.

-¿Un diplomático es bueno si 'sobrevive' a distintos gobiernos y diferentes signos políticos?

-La carrera diplomática española no está excesivamente politizada. Si te mueves en los círculos del partido en el Gobierno es probable que, a nivel de embajador, no en los otros escalones, tengas más posibilidades de que te escojan para encabezar una embajada. Se ha dado con el PP y con el PSOE (con UCD casi nada). Pero esto afecta sólo a un puñado de embajadas. En muchas otras la profesionalidad o la relación personal con los que mandan cuenta más que la ideología. Yo he tenido mucha suerte y he disfrutado de cargos relevantes con los tres partidos. En un momento, casi al final, tuve 'bola negra' de los jefes, pero no guardo rencor.

-¿Con estas memorias desea establecer una 'retirada' de la vida pública o reincorporarse a la misma?

-Jubilarse del todo no me gusta por ahora. Este libro, mezcla de memorias, historia social reciente de España, política internacional, chascarrillos y anécdotas, fue una petición de la editorial. Insistieron, ante mis dudas, en que se vendería bien. Por ahora no se han equivocado: cuatro ediciones en tres meses. Eso venció mi resistencia. Trabajas escribiendo, te entretienes, rememoras cosas y, luego, con el buen resultado de ventas, tu ego vuela un poquito.

-¿Se arrepiente de haber desvelado algún secreto en este libro, de esos que un diplomático guarda con la discreción de la información reservada?

-No. Cuento cosas pero nada que no debiera revelarse. En mi vida profesional me he movido, en las declaraciones, un poquito al borde del abismo. Lo que ha producido mohines en personas muy convencionales. Pero no he caído en el abismo. El mismo título del libro es indicativo. Un purista dirá que soy irrespetuoso con nuestra profesión. En realidad, estoy dando a entender que los diplomáticos no son precisamente mamones. Explico los entresijos de la profesión y defiendo, creo que con fuerza, a unos seres desconocidos: las cónyuges, ahora también los cónyuges de los diplomáticos, trabajadores esporádicos al servicio del estado, a veces en condiciones difíciles, sin cobrar un centavo.

-¿Vale más un diplomático por lo que calla que por lo que habla?

-Depende del momento. El diplomático debe ser cauto, al representar a todo un país, eres prisionero de tus palabras. Hay ocasiones, con todo, en que debes hablar y bien claro. Lo que es contraproducente es mentir. Si lo practicas arruinas tu reputación y la de España.

-¿Nunca ha sentido la tentación de dar un paso hacia la política?

-No. He tenido un par de ofrecimientos pero los he resistido. Si te afilias, hay un desliz de tu partido y te preguntan, ¿qué dices? ¿ Cómo puedes defender los EREs si eres un socialista andaluz, el caso Gürtel si eres 'pepero', y, si eres de Podemos, la actuación de Monedero haciendo un estudio fantasma de una materia en la que no es especialista, cobrando un pastón de los venezolanos y luego no siendo claro con Hacienda?

-¿Y dará ahora el paso hacia la literatura?

-Me gustaría escribir una novela pero creo que no estoy dotado. Parir una mala costaría sólo ocho meses pero para alumbrar una buena creo que me falta el talento.

-¿Hay ficción en sus memorias?

-Muy poca, aunque mi mayor esfuerzo haya sido hacerlo ameno. Sólo cuando hago un sainete sobre el mito de la corrupción que invade el palco del Bernabéu. Me reí escribiéndolo. En el libro hay chanzas y anécdotas, pero son todas reales.

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