La Rioja

Urdiales se recrea con la izquierda

Un natural a pies juntos con los que abrochó Diego Urdiales su magnífica faena de ayer en el coso navarro de Fitero. :: carmelo bayo
Un natural a pies juntos con los que abrochó Diego Urdiales su magnífica faena de ayer en el coso navarro de Fitero. :: carmelo bayo
  • Puerta grande en el inicio de temporada del riojano que comparte triunfo y toreo excelso con Tomás Campos en Fitero

No pudo comenzar mejor la temporada para Diego Urdiales: faena de cante grande, naturales de seda y salida a hombros con su amigo Tomás Campos, que se entretuvo en el sexto de la tarde en dar una dimensión inapropiada para un matador nuevo en la profesión. Tomás es de Llerena pero lleva tres años afincado en Arnedo forjándose al lado del diestro riojano, buscando ambos la pureza del toreo en interminables jornadas de entrenamiento y conversación. Por eso ayer era un día muy especial, ya que era su primer paseíllo juntos y cada uno a su manera dio buena cuenta de las forma que tiene de concebir e interpretar el arte del toreo.

La tarde fue fría y lluviosa y el conjunto de toros de El Pilar, desigual y complejo, como el que rompió plaza, un burel de esos que quitan la respiración por la informalidad de su embestida, metiéndose siempre por dentro, gazapón y a su aire. Urdiales tuvo que poner de relieve su arsenal de recursos técnicos para imponerse al dificultoso y correoso devenir del astado salmantino. Comenzó por abajo y tras intentarlo por ambos pitones sacó el látigo para poderle en el terreno de tablas. El oficio del riojano fue esencial para que no se le encaramara a las barbas. Lo grande llegó en el cuarto, un toro noble pero sin excesiva clase que tuvo la virtud de repetir. Con el capote dibujó varios lances a la verónica de enorme expresión, cuajando el capotazo de cadera a cadera y reduciendo el viaje con singular hondura y temple. Y tomó la muleta para materializar el faenón de la tarde. Precioso y relajado inicio saludando al toro por alto para sacárselo a los medios y sin dilación derramar el toreo. Fue una maravilla al natural, compás, vuelos, colocación y soberanos pases al ralentí llevando cosida la embestida hasta ese más allá de la cadera con inaudita lentitud. Se cuajó Diego con un toro que pasaba sin codicia pero que se tragó los muletazos casi sin enterarse. Hubo varios remates por bajo de verdadero cartel y un estoconazo en todo lo alto le pusieron las dos orejas y la puerta grande en las manos. Estuvo tan por encima de sus dos toros que las sensaciones que emitió en la coqueta plaza navarra permiten abrigar las mejores esperanzas de cara a las corridas que le aguardan en Sevilla y Madrid.

Campos ya dejó su aroma con el primero de su lote, muy rajado y refugiado en tablas. Estuvo sensacional con el capote en ambos y con el sexto realizó un inicio de faena sencillamente primoroso. El toro se apagó demasiado pronto, pero Tomás comenzó a pisar los terrenos que queman sin pasar el más mínimo apuro. Si algo define su actuación de ayer es un sobresaliente empaque: toreo profundo con formas de elegido; el fondo es la forma, que escribió Hegel y que ayer quedó bien claro en un torero que pide ya escenarios grandes para contrastar su exacerbada pureza.

Juan Leal asistió como convidado de piedra a una fiesta que terminó con dos amigos del alma a hombros por la puerta grande