La Rioja

ÉXITO DISTINGUIDO DE ÁLVARO LORENZO

Abrió corrida, plaza y feria un cinqueño colorado y calcetero de Alcurrucén. Corto de manos y bajo de agujas, rechonchito y relleno. Fue, por delante, el más ofensivo de la corrida. Y una faena de Juan Bautista de más oficio que asiento, de trazo y tirada casi exclusivamente por la mano diestra. Por la izquierda cazaba el toro, o pareció enterarse y adelantar. El oficio fue resolución, habilidad. Fiel a su costumbre, Juan Bautista recibió con la espada al toro pese a haberlo visto tardear tantas veces. La reunión fue modélica. Delantera, la estocada produjo vómito. Tardó en doblar el toro, que no fue de atragantarse pero casi.

Bondad de la dulce, que aflora sin tacha de cuando en cuando en Alcurrucén, solo llegó a sacarla el sexto de la tarde. Bondad, prontitud, franqueza, recorrido y fijeza. Fue el único de los seis que se empleó en el caballo y el de mejor nota en banderillas. De salida, lo templó en verónicas de rico compás Álvaro Lorenzo. Esta baza de Valencia era, por eso mismo, importante. Se percibió en la actitud: la disposición, la manera de estar en la plaza, la ambición. En un quite a la verónica al segundo de la tarde Álvaro dibujó dos lances soberbios y remató con media notable.

El tercer alcurrucén fue con diferencia el de peor nota de todos y no hubo entonces otra que abreviar, y hacerlo, por cierto, con aire de torero capaz y de ideas claras.

La ocasión tardó en llegar pero llegó. Al sexto toro le hizo Juan Bautista un quite por delantales muy gracioso. No de los de enseñar el toro a nadie, porque Álvaro ya lo había visto. La prueba: el brindis al público, el único, por cierto, de una tarde tan poco propicia en toros de brindis.

Una faena larga y pausada, sin puntos de desmayo. Excelente la apertura de toreo cambiado por las dos manos y casi andado, doctrina Domingo Ortega. Muy asentado y en campo abierto Lorenzo, en los medios la faena entera, ligada, tramada, reunida, seca pero solemne, inteligente y, sobre todas las cosas, templada. Fue cosa bonita de ver.

Lote ingrato para Saúl Fortes, que fue de nuevo la imagen misma del toreo estoico de brazos dejados. Firmeza insuperable. El gesto de irse a la distancia con un segundo distraidísimo y a su aire, de los de recorrer terreno sin encontrar dónde. El tesón admirable de arriesgar con el celoso quinto. El gracioso remate de faena con una bonita tanda de costadillo muy vertical. Muchos problemas con la espada a la hora de pasar, o no pasar sino quedarse. La embestida encabritada y culebrera del cuarto, que se apalancaba al volver y no descolgó ni en una sola baza, no le convino a Juan Bautista, que mató ahora a paso de banderillas, suerte rancia pero segura.