La Rioja

Ocho de cada diez niños pobres serán también adultos pobres

  • Los hijos de familias con pocos recursos se han depauperado durante la crisis cinco veces más que los ricos, según Save the Children

Igual que los ojos verdes o el pelo rubio, la pobreza también es hereditaria. Ocho de cada diez niños que hoy son pobres (el 80%) serán pobres en su edad adulta, con lo que sus expectativas vitales quedan alteradas desde el inicio. «Las privaciones que ha sufrido un niño no se pueden compensar en el futuro y, muy probablemente, un niño que ahora es pobre será un adulto que necesite ayuda del Estado», aseguró Andrés Conde, director ejecutivo de Save the Children, durante la presentación ayer del informe 'Desheredados', sobre la pobreza infantil.

La crisis ha abierto aún más en España la brecha de la desigualdad, y las principales víctimas están siendo los niños de familias con pocos recursos. Los hijos de familias pobres se han depauperado cinco veces más desde el 2008 que los más ricos (un 32% frente al 6%) y, en conjunto, las familias ricas tienen siete veces más renta que las pobres, según el documento de Save the Children. En los últimos ocho años, el número de niños en situación de pobreza severa ha aumentado en 424.000 y en este grupo de edad la desigualdad ha crecido el 3,3%, más que en cualquier otra cohorte. En total, más de 1.600.000 niños españoles están por debajo del umbral de la pobreza.

Una familia que vive en una situación de pobreza relativa es la que tiene ingresos por debajo del 60% de la mediana nacional. En el caso de dos padres y dos hijos, serían 1.402 euros al mes. Pobreza severa la sufriría la familia que tiene ingresos por debajo del 40% de la mediana: en el mismo supuesto de dos padres y dos hijos, 934 euros al mes.

Pese a los datos que indican que España está saliendo de la crisis, la ONG denuncia que la desigualdad continúa aumentando. «La recuperación económica no resuelve por sí sola el problema de la pobreza si no va acompañada de políticas que fomenten la igualdad social. Podemos encontrarnos con la paradoja de que haya más PIB y a la vez más inequidad», señala Andrés Conde.

Actualmente, el índice de GINI, que mide la desigualdad, ha aumentado en España el 7,1% en los últimos años, mientras que en el mismo periodo, en otros países, como Reino Unido, ha disminuido. Las causas hay que buscarlas en la falta de medidas políticas orientadas a la equidad. «La capacidad redistributiva en España es mucho menor que en los países de nuestro entorno. Con su fiscalidad y sus políticas de transferencia, Suecia es capaz de disminuir la pobreza en un 52%; la media de la UE, en un 40%, y en España, solo la reducimos en el 32%», explica Conde. A su juicio, «nuestro sistema fiscal es muy poco progresivo y nuestras transferencias sociales principales, las pensiones y las prestaciones por desempleo, tienen muy poca capacidad de reducir la desigualdad».

La directora de Sensibilización y Políticas de Infancia de Save the Children, Ana Sastre, insistió en que el sistema tributario debe redistribuir la riqueza, pero avisó de que en España los impuestos tienen «limitaciones» para acabar con esta desigualdad porque proporcionalmente gravan más a las personas con rentas más bajas en relación con aquellas de rentas más altas. «La protección social tampoco les hace salir de la pobreza», agregó Sastre.

Desde la entidad señalan cinco ámbitos en los que se debe poner el acento para reducir la pobreza infantil: el empleo de calidad (está creciendo el número de trabajadores pobres); la protección social (las familias con rentas altas pueden incluso beneficiarse más que las pobres de diferentes ventajas); la vivienda (la mitad de las familias con pocos recursos utiliza más del 40% de sus ingresos para gastos del hogar y solo quedan 141 euros para los niños); la sanidad (solo el 33% de los niños oficialmente pobres reciben prestaciones dirigidas a mejorar su situación); y la educación (su tasa de abandono prematuro es del 43%, frente al 5% entre los niños ricos).

Entre las soluciones concretas, Save the Children propone poner más énfasis en las políticas de empleo y en los itinerarios personalizados en la búsqueda de trabajo; una oferta pública de alquileres asequibles, un bono social contra la pobreza energética y soluciones habitacionales para los desahuciados; una prestación social por hijo a cargo (un millón de niños que están bajo el umbral de la pobreza no reciben nada o solo 25 euros); y dotar a las familias monoparentales, las que más están sufriendo la crisis, sobre todo las encabezadas por una mujer, del mismo estatus que a las familias numerosas.

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