La Rioja

UN MUNDO FELIZ

Decíamos ayer... Tiene gracia que lo soltara fray Luis y algo después, también Unamuno, como si el tiempo no pasara por Salamanca ni el Pisuerga por Valladolid. En fin, como decíamos ayer a propósito de la sorprendente 'Nada que perder', de Cuarta Pared, el hombre ha de elegir entre ser filósofo o sonámbulo. Esto otro era Ortega quien lo decía. Y Gasset. El caso es que el hombre vota memez, al menos seis de cada diez. Mayoría absoluta. Como si para probarlo no bastaran nuestras rubias democracias operadas de las tetas, esta estadística concluyente quedó empíricamente demostrada en el Bretón al día siguiente con la falsa comedia de Jordi Casanovas y Teatro Kamikaze que especula con el proyecto I.D.I.O.T.A. (Investigación para Determinar el Índice de Obediencia y Tolerancia a la Autoridad). Obviamente el tal índice resultante es alto y, en consecuencia, como su propio nombre indica, tenemos lo que nos merecemos: un mundo lerdo. Como decíamos ayer e incluso antes de ayer.

Como también decíamos ayer, esta temporada neolisérgica se vuelve a llevar Orwell, pero ahora además, con su ejemplar wikipédico de '1984', le regalamos la versión abreviada de 'Un mundo feliz', el Aldous Huxley imprescindible para completar este dos por uno de la literatura alieno-distópica. Y aún hay más: solo para los mil primeros en llamar, aquellos horribles capítulos de la BBC, un kit-degustación de soma y dos vales para acoplarse en el orgasmotrón, lo último en sexo virtual de hace un siglo.

Con una campaña de lanzamiento parecida podría empezar este 'Idiota' cuyo mayor riesgo y acierto consiste en tender el señuelo de la comedia para luego encerrar al público en una trampa asfixiante (menos de lo que pretende) de irrealidad, de absurdo kafkiano, de angustia orwelliana y finalmente de sometimiento a ese inmundo mundo infeliz. Un infeliz sujeto, un idiota cualquiera como lo somos todos, se presta a un test sociológico para ganar un dinero sin sospechar que está en juego algo que emplea muy poco, su propia integridad. Adivinen el resultado.

Que empiece cómico, gire a siniestro y termine crítico es lo más interesante del dilema de Casanovas, algo decepcionante a la postre, con diálogos ágiles pero con demasiados acertijos pueriles. Israel Elejalde lo ha montado con una extraña mezcla del sello Kamikaze, esencia de texto y actores, pero con estética de teleconcurso y videoapoyo de sobra. Es el gran Gonzalo de Castro, junto a una germánica Elisabet Gelabert, quien más sangre caliente pone a este experimento algo frío. Él es nuestro idiota capaz de arrastrase con dignidad, de poner con inteligencia nuestra misma cara de tonto y de ser alto cayendo en lo más bajo. Consuela verse en su mirada, dulce, canalla y triste a la vez.

Pero no gastemos esperanzas que no tenemos y sigamos jugando. Por el mismo precio, un acertijo marca Huxley: ¿Qué parece una democracia, pero es básicamente una cárcel sin muros en la cual los prisioneros no sueñan con evadirse y, gracias al sistema de consumo y el entretenimiento, los esclavos aman su servidumbre? ¿La dictadura perfecta? ¿Un mundo feliz? ¿Esto? ¿O las tres son correctas?