La Rioja

Relatos nocturnos

El público volvió a responder a la llamada del cine de calidad y en primicia. :: miguel herreros
El público volvió a responder a la llamada del cine de calidad y en primicia. :: miguel herreros
  • El Maratón de Cine proyectó anoche 'Midnight special', 'The handmaiden' y 'Juste la fin du monde' en los cines 7 Infantes

Todos los maratones de cine esconden su secreto muy bien guardado. Se trata de una selección de películas para nada enlazadas por un tema común salvo el de la sorpresa y el enigma.

Si con antelación no se ha tenido el placer y la oportunidad de visionarlas, el espectador, aunque enterado de sus peculiaridades argumentales (hoy en día, al alcance de todos), no adivina, ni con el poder de la imaginación más deslumbrante, a medir la arrebatadora fuerza que los diversos estilos visuales propuestos por los tres realizadores (autores) que concurrieron en las pantallas del complejo de cines 7 Infantes, en el clásico y, anoche, perturbador, maratón de cine.

Ninguna de las trayectorias profesionales y artísticas de los cineastas Jeff Nichosl, Park Chan Wook y Xavier Dolan eran desconocidas para el aficionado veterano a la programación de Actual. En otras ediciones sus filmes ya habían asombrado y despertado curiosidad. Y, en alguna edición, cintas concretas, habían dejado una huella muy indeleble. Recuerdo 'Old boy', con su violencia salvaje, que difícilmente te permite descolgarte del torrente de emociones fuertes e impactantes que atesoran sus imágenes.

Al tratarse de una velada especial, con su nocturnidad consentida y los ánimos dispuestos a cualquier sensación, por catártica que sea, el asiduo a la prueba de resistencia asume su riesgo en el descubrimiento de aventuras fílmicas, por extravagantes que sean. Y la odisea tendría su punto de ignición en un título que resume a la perfección las características de la sesión maratoniana,

'Midnight special', uno de los últimos y 'raritos' proyectos del siempre magnético Jeff Nichols ('Mud', 'Take Shelter', entre otros). Esta vez nos sumergiría, como nos tiene acostumbrados, en atmósferas inquietantes y climas paranoicos combinando un relato en el que se mezcla la ciencia ficción con patrones del cine de acción. Su especialidad es crear un ambiente teñido de ramalazos apocalípticos y algo fantasiosos.

La trama, en este caso, no escapa a una de sus constantes temáticas preferidas, la amenaza. Aquí es un niño, Alton, dotado, como si fuera un personaje de la factoría de Stephen King, de poderes paranormales y extrasensoriales. Esta capacidad o don no ha pasado desapercibida y una secta encabezada por Sam Shepard quiere utilizarla para sus fines mesiánicos. Para evitar caer en las redes de tipos tan poco formales, el chaval, acompañado de su padre (Michael Shanonn) y de un fiel agente de la policía (Joel Edgerton), desafían el acoso y tratan de escapar y esconderse. Un agente de la NASA, encarnado por Adam Driver, también les busca.

No deja de ser curioso la habilidad para el misterio y el suspense de Nichols en un filme intrigante en el que vuelve a sugerir presencias externas, de otros mundos, como aliciente para entrar en tan singular propuesta.

Con la misma pasión y casi rizando el rizo se toma el célebre, Park Chan Wook sus barrocas y elegantes peripecias. A 'La doncella' ('The handmaiden') multipremiada en festivales de cine, no se le puede (¡nunca!) aplicar el adjetivo de sencilla. Porque las fantasías visuales y narrativas del director coreano se construyen desde un entramado muy complejo y de hilar muy fino, de tal riqueza en su puesta en escena que si pierde la noción del equilibrio en alguna de sus envolventes partes puede conducirte, y no es por falta de atención, a cierta dispersión, sobre todo cuando sus narraciones exceden un metraje convencional y hay mucha materia para discernir.

Afortunadamente, y como no podía ser de otra manera, Park Chan Wook nos sumerge, introduce en un espacio cerrado de una mansión para perfilar unos sinuosos entresijos en los que las apariencias engañan. Sin duda, 'La doncella' es un melodrama pasional rico en matices. Morboso y arrebatador. Elegante y sensual. Todo su entramado argumental se mueve en el filo de la navaja, con la farsa y el engaño como motor del lado oscuro de los personajes pero que en su belleza extrema nos conduce a estadios en los que la sexualidad y la excitación ofrecen sus mejores y más sutiles armas, y todo ello en una artera misión en la que la joven doncella Sooke debe conspirar con un tipo que se hace pasar por conde para convencer a una rica heredera japonesa, Hideko, que se enamore del falso noble.

Esta versión de la novela de Sarah Waters trasladada a Corea años 30 cuando estaba bajo el dominio japonés es una sinfonía de cine que actúa como una serpiente pitón, te ciñe y luego te estruja.

El último trabajo de Dolan

Cabalgando por la variada catarata de sensaciones de todo tipo con las que te zarandea el cine, ser testigo de la última elucubración del cineasta quebequés Xavier Dolan no suele ser una experiencia placentera y regocijante. Más bien todo lo contrario. Te arrastra, muchas veces cogido de los pelos, a ser testigo de sus crispados melodramas familiares en los que los personajes suelen decirse un sinfín de barbaridades. Su cine es la punta del iceberg, la extrema resonancia de los choques y enfrentamientos entre miembros de una misma familia alcanza en 'Juste la fin du monde' su versión más cañera y agitada. Que según a la hora a la que la veas requiere esfuerzo y tenacidad para soportar las agresivas e histéricas grescas.

Dolan, con su inquebrantable estilo pop, cámara en mano, aprieta las tuercas sobre un escritor enfermo terminal que regresa junto a sus seres 'queridos' para comunicarles su enfermedad. En vez de respirar sosiego y tranquilidad, es como si el autor de 'Mommy' te quisiera contar esta historia montado en un vagón de una montaña rusa, en un subir y bajar emocional que te gusta o pides apearte antes que finalice el trayecto.

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