La Rioja

Soy un macarra, soy un hortera

Hidrogenesse, en Franco Españolas. :: fernando díaz (fotpress)
Hidrogenesse, en Franco Españolas. :: fernando díaz (fotpress)
  • Paradojas de Actual, tras los casi cómicos Hidrogenesse, Papaya cerró las veladas en Franco Españolas versionando a Ilegales

No, no es otro de esos ataques de nostalgia 'cualquier Actual pasado fue mejor', es que realmente sigue habiendo un tipo dentro del espejo que me mira con cara de conejo. Mereció la pena otra maratoniana jornada de festivaleo, tragarse un concierto raro en el que no pintas nada y aguantar hasta la madrugada para, justo al final, confirmar algo que el Escenario de Culturas Contemporáneas, con esas cosillas suyas más o menos modernas y posmodernas, siempre lleva a dudar a todo viejo roquero: que soy y seré siempre un macarra.

Años después de Ilegales, al menos un pedazo de rock rebelde y cañero volvió a sonar a orillas del Ebro y casi levantó los adoquines del suelo como cuando debajo estaba la playa. Paradojas de Actual, los eclécticos Papaya cerraron con una estupenda versión de aquel mítico 'Soy un macarra' las veladas de Conciertos en la Bodega. El escenario de Franco Españolas ya solo volverá a abrir mañana para el último Vermú Torero, con Pan Total y Delafé. Hoy, día quinto y penúltimo de festival, la música se desplaza al Palacio de los Deportes para escuchar por fin cómo suena la cara A del larga duración Actual 2017.

La noche del miércoles la abrieron los cósmicos y casi cómicos Hidrogenesse, que tan buen recuerdo habían dejado en un anterior Vermú Torero en la Gota de Leche a los amantes de la electrónica y el libre albedrío estilístico. Se diría que su público, entregado a los ritmos reiterados, las mezclas pregrabadas, los sonidos de videojuego de los ochenta y las letras naíf, demuestra más ganas de epatar que gusto musical, aunque, para ser sinceros, tampoco los de Ilegales podemos ir de felixmendelsonbartoldis. Ante todo libertad de expresión y ganas de divertirse, y eso Carlos Ballesteros y Genís Segarra lo garantizan... Al menos los cinco primeros minutos. Luego, si no eres incondicional, o les coges o no les coges el punto mientras van desgranando su ya extensa discografía hasta el romántico final: échame un kiki, amor. Tampoco yo sé expresarme peor.

Cierto es, el siglo XX se bailaba así, y, por lo visto, también el XXI, cambalache, febril y tanguero como el anterior, aunque quizás todavía más absurdo. Para mezclas, aunque no electrónicas, las de Papaya (a pesar de que yo, es ver un Mac en una mesita en el escenario y querer correr hacia la puerta): pop latinoamericano ochentero, new wave, beat de los sesenta, ritmos exóticos, arreglos orquestales de guateque y no sé cuántas etiquetas más lleva lo que hace el trío compuesto por el logroñés Miguel Aguas (bajo), Sebastián Litmanovich (teclados y guitarra) y la guanche-mapuche Yanara Espinoza (voz y guitarra, una preciosa PRS que sonaba, aunque solo rítmica, como un acero toledano).

De su disco 'No me quiero enamorar', bendecido por festivales y emisoras, me quedo con 'Cosas fascinantes y sencillas', y de su directo, con 'Ay, mujer'. Fueron de menos a más y, cuando ya parecía todo dicho, volvieron con su mejor bala en la recámara. No son ni mucho menos Jorge Martínez y compañía, pero Papaya se atrevieron a despachar al público a golpe de auténtico rocanrol: soy un macarra, soy un hortera y voy a toda hostia por la carretera... Aunque sea en bici.

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