La Rioja

Y LLEGÓ EL DÍA DE LA VENGANZA

El premio concedido por el público del festival de Gijón a la película danesa 'Under Sandet', de Martin Zandvliet, confirma la incontestable penetrabilidad de un episodio desclasificado sobre la memoria histórica, y la sed de venganza de los pueblos invadidos por los nazis que una vez finalizada la contienda se convirtieron en verdugos.

Todavía el cine tiene munición suficiente para continuar ilustrando relatos bárbaros sobre los efectos colaterales provocados por la II Guerra Mundial. En este caso, inspirada en hechos reales, el largometraje firmado por Zandvliet se ocupa, con mucha carga dramática, en el empleo que hizo el ejército danés de los jóvenes soldados alemanes atrapados en su territorio.

Como represalia y castigo los daneses utilizaron a mozos alemanes que se habían rendido, casi niños, como rastreadores de las minas que los nazis habían sembrado en las playas occidentales pensando que ese iba a ser el lugar del desembarco. Y, una vez encontradas, se convirtieron en desactivadores, en una tarea de alto riesgo, casi suicidad, pero que no tenían más remedio que cumplir.

Bajo la arena se encontraban infinidad de artefactos. La suerte de los chavales estaba echada. Mal alimentados y peor tratados, no les cabía otra que intentar sobrevivir. Este es otro de los muchos capítulos que se desconocían y que el cine trae a colación.

'Under sandet' tiene, de antemano, conquistado el corazón de los espectadores. Utiliza un estilo transparente y emotivo para fijar los resortes psicológicos de la trama. De las pocas veces, salvo honrosas excepciones, que dibuja, quizás por que son chavales, un perfil humano y enternecedor hacia los prisioneros. La sensibilidad y el tacto es uno de los factores indiscutibles del filme. Formalmente, arriesga lo justo, sabiendo el realizador nórdico que su fuerte y apuesta principal está en poner el objetivo de la cámara cerca de sus personajes, en una crónica coral, poniéndolos, desde que comienza el largometraje, en situaciones de mucha tensión, en una tesitura horrible, en el que la muerte acecha en cualquier minuto, si no es en un soldado es en otro. Y así hoy; pero mañana también; y pasado lo mismo. Si no hay explosiones, la fortuna les sonríe. Pero más vale no sentir aprecio por sus infortunadas vidas porque si en el plano de ahora libran nadie te asegura que en la continuidad del montaje salven el pellejo.

En los primeros compases, los daneses les enseñan con una instrucción pírrica en qué consiste su faena. Reptaran por la arena y trataran de encontrar los explosivos. Una vez los hayan localizado procederán, con mucho cuidado y procurando que no les tiemble el pulso, a desalojar la espoleta de la carga. Mientras, a una conveniente distancia, con orgullo y satisfacción, el oficial al mando de la operación limpieza, sargento Rasmussen, asiste, y nunca mejor dicho, al espectáculo, observando los progresos o apuntando las bajas que se producen.

El rencor y la salvaje crueldad entre los soldados daneses hacia sus víctimas no se detiene en la conmiseración. No existe la clemencia. Ojo por ojo. Ahora son los vencedores los que les revientan las caras. Y si no, el destino en forma explosivo anti persona acabará con ellos. Aunque Zandvliet, conocedor de los hechos pero también de las emociones cinematográficas y de los planteamientos del género bélico menos propenso al artificio no oculta que en un momento dado al enemigo también se le vea el lado humano aunque primero haya disfrutado de una venganza innoble y bestial, como las guerras y los primeros tiempos de 'paz'.