La Rioja

La caja de Pandora se guarda en la nube

El asistente personal con control de voz, Echo, creado por Amazon. :: efe
El asistente personal con control de voz, Echo, creado por Amazon. :: efe
  • La petición de la Policía para que la empresa libere las grabaciones desata un nuevo debate sobre seguridad y privacidad

  • Un asistente de voz de Amazon podría ser clave para resolver un asesinato

Es una de las grandes revoluciones del 2016 y, a tenor de lo visto estos días, es uno de los campos de la tecnología en el que más esperanzas depositan los analistas al hacer sus tradicionales proyecciones para el año que acaba de comenzar. Hablamos de los asistentes de voz instalados en teléfonos, relojes y otros 'gadgets' inteligentes. En algunos casos se han creado aparatos específicos para albergarlos como los altavoces de Google Home o Echo de Amazon.

Sin embargo, estos productos, en los últimos días, no han sido protagonistas por sus serviciales funciones o por haber incorporado una nueva y revolucionaria acción a su carta de posibilidades. Lo son porque pueden ser la clave para resolver un crimen sucedido hace un año en Estados Unidos. El supuesto asesinato en cuestión ocurrió en un pueblo de Arkansas, Bentonville. Lo curioso del suceso es que en la escena del crimen, un domicilio particular, su propietario tiene instalado un Amazon Echo.

Los investigadores del caso, que ya obtuvieron datos clave de otros aparatos de la casa, consideran ahora que la información recopilada por este asistente inteligente podría arrojar nuevas pistas. Hasta el momento han analizado los datos de un termostato inteligente de Nest, una compañía adquirida por Google; o los de un sensor instalado en la bañera, que ha revelado que se utilizó una inusitada cantidad de agua la madrugada del día que se encontró el cadáver, lo que hizo intuir a los agentes que se trató de eliminar pruebas. Con esa misma esperanza, la Policía ha pedido a Amazon que libere los audios recogidos por este 'gadget', algo a lo que la empresa de Jeff Bezos se ha negado en rotundo.

Esta negativa se escuda en el mismo argumento que sostuvo Apple en su enconado enfrentamiento con el FBI en el caso del iPhone de San Bernardino: la privacidad de los usuarios. Por aquel entonces, la Agencia Federal solicitaba a la empresa de Tim Cook que le facilitase una 'puerta trasera' para saltarse el bloqueo de los terminales y poder acceder al contenido del teléfono de uno de los supuestos terroristas. Los responsables de la manzana se opusieron firmemente, lo que acabo convirtiendo el asunto en un plebiscito público sobre la ponderación de privacidad y seguridad en la época del internet de las cosas que se nos viene encima.

El origen de Amazon Echo es sencillo. Aunque parece Google la empresa que lideró los intentos por hacer de la voz del usuario una llave maestra para manejar los hogares inteligentes, fue el gran 'librero' de internet quien lo hizo. Para construirlo el gigante de Seattle adquirió Alexa, más conocido por su clasificación de visitas a webs. A partir de ahí ha ido hilvanando una plataforma que ya obedece a más de 3.000 comandos de voz.

Aunque el dispositivo se encuentra en escucha activa todo el rato no registra la voz hasta el momento que el propietario formula el comando en concreto. En los servidores de la multinacional se almacena el corte en cuestión y unos segundos previos, mientras que el resto desaparece. La otra duda, sobre la que no hay información concreta, es el tiempo durante el que se almacenan estos archivos, aunque la mayoría de expertos coincide en señalar que el periodo estándar es de seis meses.

El mayor problema que se presenta en estos casos es la poca claridad que ofrecen fabricantes de estos dispositivos. Una de las grandes peleas de los organismos de la Unión Europea en este aspecto es que las grandes multinacionales se ciñan de manera explícita a la normativa europea y no aprovechen resquicios legales por tener su sede central en otros lugares del mundo, como es el caso de Google -en Silicon Valley- o Facebook, en Menlo Park.

La ley en España

Pero, ¿qué ocurriría en España? La ley marca que cualquier empresa o usuario tiene la obligación de colaborar con la justicia si lo requiere un juez. Por ejemplo, en una investigación se podría solicitar, si un juez lo aprueba, el listado de llamadas de un número a una operadora. Sin embargo, la legislación impide que se vulnere el derecho a la privacidad.

Es decir, que en caso de tener el contenido de esas llamadas, la empresa no estaría habilitada a revelarlo. Lo mismo ocurre con las copias de seguridad que se hacen del contenido de los móviles. Sin embargo, en esta norma hay una excepción: la privacidad solo se aplica a las personas vivas. Por tanto, según esto, el contenido del iPhone de San Bernardino tenía que haberse entregado sin problemas puesto que su propietario había sido abatido por la Policía.