La Rioja

LOS RESTOS DEL NAUFRAGIO

El discreto cineasta francés François Ozon nos ofrece con 'Frantz' una historia de amor y muerte, enmarcada al poco de terminar la Primera Guerra Mundial. Filmada en color y blanco y negro, al estilo de 'Pleasantville' (Gary Ross, 1998), el argumento describe las relaciones de un soldado francés con la prometida de un soldado alemán, muerto en el frente. Lo cual da paso a un melodrama histórico, realzado por las interpretaciones de Paula Beer y Pierre Niney, capaces con su serena presencia de comunicar al espectador toda un gama de sentimientos impregnados de una delicada nostalgia.

La personalidad y el temperamento visual del autor de '8 mujeres' (2012) consigue momentos de considerable emoción, ribeteados de una cierta tristeza. Es como si el realizador quisiera trasladar algunos de los trágicos acontecimientos acaecidos en 1919 a la época actual, marcada a sangre y fuego por el fanatismo, la intolerancia y el odio al diferente. Pero, lo que hace que esta película produzca una impresión extraña y conmovedora es la combinación entre el cálido y fino cine francés que su máximo responsable lleva en las venas y el frío y contenido cine germano, que su director ha aprendido de clásicos nórdicos, incluido Dreyer ('Dies Irae', 1943). Por otra parte, el filme de François Ozon nos hace sentir, casi físicamente, la fragilidad de los personajes, pero sin perder nunca su apariencia sosegada, su suave y cruel dulzura. Al mismo tiempo, tiene el mérito de poner en evidencia el peso de cada instante, de lo que hay de eternidad en cada momento de esas relaciones fugitivas. De ahí que 'Frantz' puede relacionarse muy bien con la inscripción que figura en la lápida del memorial a William Blake, en la cripta de la catedral de San Pablo en Londres: «Ver el mundo en un grano de arena y el cielo en una flor salvaje, atrapa el infinito en la palma de tu mano y la eternidad en una hora».