La Rioja

Los primeros 70 años del IER

Aurora Martínez Ezquerro, segunda por la izquierda, rodeada por los miembros del consejo académico del IER, en la sede de la institución; a su derecha, Enrique Ramalle; y a su izquierda, Penélope Ramírez, Ignacio Gil-Díez y Ana Rosa Terroba. ::
Aurora Martínez Ezquerro, segunda por la izquierda, rodeada por los miembros del consejo académico del IER, en la sede de la institución; a su derecha, Enrique Ramalle; y a su izquierda, Penélope Ramírez, Ignacio Gil-Díez y Ana Rosa Terroba. :: / Justo Rodriguez
  • La entidad corona con la recepción del legado de Salvador su aniversario, fiel a su doble vocación investigadora y divulgativa

Un único corazón, dotado de dos almas: el majestuoso edificio que alberga al Instituto de Estudios Riojanos sirve como acabada metáfora de la actividad que despliega la entidad que ha soplado durante el 2016 las velas de su 70 cumpleaños, entre el rigor de la investigación académica (que da sentido a un quehacer sostenido a lo largo de tanto tiempo) y la divulgación de sus tareas que exige su profunda vinculación con la sociedad riojana. Así lo subraya su directora académica, Aurora Martínez Ezquerro, mientras revisa en compañía de su equipo los actos que han conmemorado en este año que ya muere su septuagésimo aniversario y proyecta su mirada hacia el futuro: hacia los próximos 70 años. Con un compromiso nuclear: reforzar su servicio al público a través de los tres pilares (investigaciones, publicaciones y la programación de actividades) que nutren esa doble alma científica y divulgativa.

Martínez Ezquerro abruma con el detallado recuento de las cifras que sirven para evidenciar el compromiso del IER con la región a la que sirve: los 171 números de su publicación estrella, la revista Berceo; o los más de sesenta números que reúne otra revista, Zubía, dedicada al ámbito de las ciencias sociales; los 1.600 proyectos sobre temas riojanos alumbrados desde el Palacio de los Chapiteles donde la entidad dispone de su sede parece que definitiva. Porque el IER peregrinó hasta llegar a la calle Portales por una larga serie de inmuebles sin perder nunca, sin embargo, su esencia: la contenida en su acta fundacional en ese lejano 27 de mayo de 1946, cuando nació para «velar por el progreso científico y cultural de La Rioja».

¿Misión cumplida? La directora del IER y sus compañeros al frente de las distintas áreas (Filología, Patrimonio Regional, Historia y Cultura Popular, Ciencias Sociales y Ciencias Naturales) responden que sí. Que por supuesto el IER ha contribuido a promover la investigación en temas riojanos sin desmayo durante siete décadas. Y que desde luego ese es también su propósito para el porvenir que se avecina. Sin perder jamás de vista su carácter divulgativo, que sus responsables no se cansan de reiterar apoyados en argumentos convincentes. «Somos la primera editorial de La Rioja», explica Ignacio Gil-Díez, mientras recuerda la media de 23 títulos al año que publica. Enrique Ramalle también anota en ese catálogo de conquistas cotidianas que acompañan los pasos del IER la veintena de actividades que por ejemplo este mismo año ha programado, cuya dimensión internacional por otro lado recalca Penélope Ramírez. «Y no son actos ni publicaciones de divulgación de bajo nivel, sino seria y rigurosa», coinciden los miembros del equipo directivo.

Una afirmación avalada por los hechos: su inclusión en el selecto club del Fecyt, el organismo estatal que agrupa a las instituciones más prestigiosas en el ámbito investigador de toda España. «Estamos en el top ten de las publicaciones científicas del país», remacha Ramalle. Una biblioteca bien pertrechada de 100.000 unidades de temas riojanos, acompañada de una magnífica hemeroteca y una impresionante fototeca, con 50.000 imágenes (dispuestas para quienes estén interesados en su consulta) o su nutrida librería, donde se ponen a la venta a precio subvencionado no sólo el catálogo del IER sino el resto de publicaciones editadas por el Gobierno riojano, acaban de configurar la radiografía de una entidad que presume de mantener abiertas sus ventanas a la sociedad riojana.

¿Cómo? A través de la firma de convenios con más de cincuenta asociaciones (por ejemplo, con entidades locales como los ayuntamientos de Calahorra, Alfaro o Arnedo para promover la investigación en temas de ese ámbito más concreto) o su acuerdo con la Universidad de La Rioja para cooperar en fines propios a ambas instituciones. O mediante su apertura a alimentarse de fondos documentales que amplíen sus copiosos archivos o gracias a la organización de exposiciones y otros actos en los municipios de La Rioja, como Lardero y Nalda, por citar dos casos recientes. O también, en fin, mediante la recuperación de publicaciones como la legendaria Codal, que tiene a punto de salir a la imprenta su próximo número, o Belezos, nacida para acoger ese frente investigador más enraizado con su segunda alma: su misión divulgativa.

Un cuadro de trabajadores ejemplar, modélico en su compromiso con la institución, y la labor desinteresada de todo el equipo directivo completa la fotografía del IER de hoy. «Contamos con el respeto absoluto del Gobierno de La Rioja, sin injerencias pero con un respaldo que sentimos cercano», afirman al unísono los responsables de la institución. Cuyo mensaje coincidente se proyecta desde luego hacia el porvenir. Hacia los próximos 70 años. «Cualquier persona que se haya dedicado alguna vez a investigar en temas riojanos ha pasado por el IER. Somos corredores de fondo, abarcamos todos los frentes del conocimiento», concluye Martínez Ezquerro.