La Rioja

Teresa Cascudo, entre las cajas donde reposa parte del archivo cedido al IER por los descendientes  de Miguel Salvador.  ::
Teresa Cascudo, entre las cajas donde reposa parte del archivo cedido al IER por los descendientes de Miguel Salvador. :: / JUSTO RODRÍGUEZ

El espíritu de los Salvador regresa a La Rioja

  • La familia Boyer cede al IER el valioso archivo personal de su abuelo Miguel Salvador, clave para conocer la historia de la música clásica del siglo XX

«Una gran suerte para La Rioja». Teresa Cascudo repite esta frase mientras repasa el archivo que desde hace unos días se custodia en el Instituto de Estudios Riojanos. Acaricia el lomo de algún volumen, curiosea entre las cajas y apunta hacia la inscripción que identifica su origen: ahí puede leerse Miguel Salvador Carreras, relevante musicólogo y político español del siglo XX. Miembro de la poderosa dinastía de mandatarios cuyas raíces llegan hasta Práxedes Mateo Sagasta, Salvador mantuvo, como el resto de su familia, una fértil relación con La Rioja, aunque en los últimos años apenas volviera de visita. Hoy, al menos su espíritu ha regresado: a La Rioja han cedido sus herederos el valiosísimo archivo que poseía en Madrid, sobre cuya suerte corrían negros presagios.

Pero ha habido suerte, en efecto. Del relato de Cascudo, profesora de Música de la UR, se desprende que la suerte llegó por partida doble. Porque ella, en sus investigaciones sobre la proteica figura de Salvador como prohombre de la música clásica de la primera mitad de la pasada centuria, había encontrado alguna pista según la cual el propio interesado confesaba que sus papeles «se habían quedado en su casa de Madrid, al cuidado de unas señoras». Y estaban en Madrid, desde luego. En el sótano de un caserón del barrio de Salamanca, donde sus descendientes los hallaron recientemente. Y desde donde los enviaron a La Rioja: ahí reside el segundo guiño de la fortuna. «Su nieto Christian», explica Cascudo, «nos dijo que habían recibido ofertas para que los papeles se quedaran en Madrid, en la Biblioteca Nacional, pero que para él pesaba mucho la memoria que tenía del vínculo de su abuelo con La Rioja».

Así que un día de otoño un camión llegó a Logroño desde la capital del Reino. En su interior, una cuarentena de cajas que harán felices a esos investigadores que, en cuanto este valioso arsenal se archive, documente y ponga a disposición del público, deberán pasar por el IER para completar sus pesquisas sobre tan decisivo episodio de la historia española. Porque el archivo de Salvador no se limita a informar sobre el ámbito estrictamente musical: también sirve como compendio de toda la actividad que había alrededor de ese mundo. Así se deduce de las primeras aproximaciones, todavía preliminares, que Cascudo ha acometido, aunque un examen más prolijo está pendiente. Será entonces cuando se pueda calibrar la auténtica dimensión de un tesoro cuya primera virtud radica en un atributo muy singular: que se trata de un archivo completo.

«Eso es muy raro», recalca Cascudo. «Lo habitual es encontrarse con archivos dispersos, así que para una historiadora estos documentos tienen el valor que se deriva de que nos permite contar de forma científica una historia sobre nosotros mismos que puede ser distinta del tópico». «El tópico», prosigue, «según el cual en España la música clásica ha estado maltratada, que no había grandes músicos... Bueno, pues aquí está todo este archivo para demostrar lo contrario». Un archivo «metódico y cuidadoso», como corresponde a la propia personalidad de Salvador, diputado en Cortes durante la República y embajador en Dinamarca, cuya personalidad se refleja en el perfecto orden de sus papeles. Salvador ejerció un papel capital como dinamizador de la vida cultural madrileña de su época. Cosmopolita, políglota, gran viajero (y gran aficionado a la gastronomía), no sólo formó parte de la prestigiosa saga de políticos: también ejerció como patriarca de su propia dinastía, que acumuló gran notoriedad.

Es el caso de su yerno, José Boyer, radiotelegrafista del presidente de la República, a quien se atribuye el izado de la bandera tricolor en el Palacio de Comunicaciones de Madrid ese 14 de abril de 1931. José tuvo cuatro hijos; uno de ellos, Miguel, alcanzó fama como ministro de Economía con el PSOE. A su muerte, uno de sus hermanos, Christian, se movilizó para que cristalizara el deseo de la familia: que el archivo de su abuelo volviera a La Rioja. Partituras originales, la valiosa colección de programas de mano de la Filarmónica de Madrid que Salvador fundó, cartas autografiadas por compositores tan destacados como Turina o Halffter...

Un tesoro. Y una lección de historia, como recuerda la profesora de la UR: «Cuarenta años de dictadura contribuyeron a silenciar nuestro recuerdo de personas como Salvador, que fue detenido en Francia en los años 40 por la Gestapo y enviado a España, donde fue condenado a muerte, aunque se salvó de morir fusilado». «Este tipo de archivos», concluye, «fundamentan historias que nos interpelan: nosotros también somos consecuencia de todos estos papeles que están aquí reunidos, consecuencia de episodios que se habían silenciado. Sacarlos a la luz habla de nosotros y contribuye a crear una identidad histórica de todos nosotros mucho más compleja, más interesante y más rica. Y mejor que esté en La Rioja que en ningún otro sitio».