La Rioja

De escenario del crimen a ventana al enigma interior

Rafael Lafuente y (debajo) una de sus obras inspirada en el escenario de un homicidio en Nueva York en 1916 (a la izquierda). :: m. herreros
Rafael Lafuente y (debajo) una de sus obras inspirada en el escenario de un homicidio en Nueva York en 1916 (a la izquierda). :: m. herreros
  • El fotógrafo riojano convierte imágenes del archivo de la Policía de Nueva York en un misterio de sombras y luz

  • Rafael Lafuente expone 'El lugar de los hechos' en Planta Baja

La primera impresión (alucinada) al acceder al local de la calle La Cigüeña es que también la sala de exposiciones podría ser, quién sabe cuándo, el escenario de un crimen: el espacio vacío entre cuatro paredes crudas y un techo alto, los focos industriales colgando de arriba, la puerta negra con su óculo parecido a un ojo de buey vigilante, las dos puertas interiores compartiendo rincón y un amarillo pálido, la vieja estufa de butano apagada, la mesita de catálogos solo aparentemente inofensiva, el extintor en el suelo como una mancha de sangre endurecida... Y, colgadas entre pequeños agujeros, acaso disparos de muestras anteriores, las fotos: catorce ventanas por las que asomarse al interior de uno mismo e imaginar ser, en medio de ese escenario inquietante, la propia víctima.

Planta Baja expone hasta el 19 de enero 'El lugar de los hechos', una interesante y nada convencional colección fotográfica de Rafael Lafuente inspirada en fotos antiguas del Departamento de Archivos de Nueva York (New York City Department of Records, NYCDR) desclasificadas en el 2012 y accesibles a través de Internet. Llevado por su curiosidad, este reportero gráfico y artista visual a partes desiguales, rebuscó entre centenares de imágenes hasta dar con un perturbador capítulo titulado 'Criminal & prosecution', repleto de fotos de crímenes cometidos en Nueva York en los primeros años del siglo XX tomadas por policías del departamento de homicidios.

«Me llamó la atención todo el archivo -cuenta Lafuente- pero sobre todo la frialdad que transmitían los escenarios reales de aquellos crímenes frente a la imagen que nos forjamos de Nueva York a través del cine».

«Lo que fascinó a Rafael Lafuente de aquellas imágenes policiales -escribe Julio Hontana en un breve ensayo sobre la exposición- no fueron los hombres y mujeres asesinados salvajemente en habitaciones, sótanos u oficinas, sino el escenario donde todo eso ocurrió: interiores de viviendas y espacios comunales entre casas que ya de por sí vaticinaban la tragedia. Su preocupación temática siempre es la misma: el espacio arquitectónico y la extraña luz que todo lo envuelve. Una luz, la de los objetos fotografiados, aquejada de una siniestra enfermedad que nos permite reconocer su forma pero nos impide comprender sus cualidades materiales».

Realismo a escala

Pero, ¿a qué le dispara Lafuente? Su personal modus operandi le convierte primero en escenógrafo a escala de espacios construidos que luego fotografía. Hontana lo define «simulación de realismo» y lo describe así: «Recrea los espacios que le interesan construyendo maquetas, reproduciendo con enorme semejanza los detalles constructivos que protagonizan las arquitecturas que tanto le obsesionan. Una vez hechos los cálculos espaciales, aprovisionado de cuchilla, tijera, escuadra, compás, pegamento y pintura, ejecuta sobre cartón gris su disciplinado plan de trabajo. Un plan que necesita de muchos otros oficios: ebanista, carpintero, vidriero, arquitecto, alicatador, metalista, diseñador de interiores, iluminador y, si la obra llega al punto deseado, fotógrafo».

El propio Lafuente lo atribuye a su interés por indagar en «los distintos usos que damos a la fotografía, desde fichas policiales a recreaciones artísticas». «Me pregunto -y nos pregunta- hasta dónde la fotografía es documento y desde dónde ficción. De ahí mi interés en construir un espacio intermedio que genera extrañeza y nos lleva a cuestionar si lo que vemos es verdad».

El resultado son fotografías de espacios aparentemente limpios y serenos, pero en 'El lugar de los hechos', siempre hay alguna rendija de inquietud por la que se cuelan los fantasmas que habitan esos sitios ahora ya quizás solo imaginarios: una puerta entreabierta, una ventana mal cerrada, una verja forzada, una silla caída frente a un escritorio, un haz de luz oblicuo que entra en escena a hurtadillas... La engañosa asepsia de esos escenarios desprovistos de todo rastro de la violencia de que un día fueron testigos mudos no hace sino más inquietante esta ventana de sombras y luz a un misterio interior.