La Rioja

«En los años ochenta el término 'políticamente correcto' no existía»

Javier Ikaz y Jorge Díaz son los autores de 'Yo fui a EGB'. ::
Javier Ikaz y Jorge Díaz son los autores de 'Yo fui a EGB'. :: / lazurdaabsurda
  • El Aula de Cultura de Diario LA RIOJA-UNIR presenta hoy el cuarto volumen de 'Yo fui a EGB'

  • Jorge Díaz Coautor de 'Yo fui a EGB'

El cuarto volumen de 'Yo fui a EGB' aspira, como los tres anteriores, a liderar las listas de los más libros vendidos. Bajo el mismo espíritu ('No somos nostálgicos, más que nada porque no hay nostalgias como las de antes'), Jorge Díaz y Javier Ikaz recuperan por cuarta vez la época 'egebera' para recordar lo que daban de sí cinco duros de chucherías o cuáles eran las normas del videoclub. Hoy tiran de memoria en el Aula de Cultura de Diario LA RIOJA-UNIR (Ibercaja-Portales, 20 horas).

- Cuarto volumen de 'Yo fui a EGB', ¿se imaginaban este éxito?

- No, nunca lo esperamos. Desde el principio la página de Facebook se hizo viral y no paraba de crecer (cuenta con más de un millón cien mil seguidores) y cuando lanzamos el primer libro no podíamos ni imaginar que iba a ser el libro más vendido del 2014 en España.

- ¿A qué lo atribuyen?

- A varios factores. Uno es la edad: nosotros tenemos más de 35 años y digamos que ya toca recordar aquellos años de nuestra infancia y adolescencia. Un chaval de 20 años no necesita recordarlas porque fue ayer. Y luego, los ochenta siempre han estado de moda. No es que 'Yo fui a EGB' sea algo nuevo, lo diferente es el punto de vista. Nosotros nunca hemos valorado si aquellos años fueron mejores o peores, hay mucha gente que reivindica aquella época como la mejor o que la ridiculiza. Simplemente es lo que nos ha tocado vivir y lo recordamos con cariño.

- O sea, que no cumplen eso de no ser nostálgicos.

- Todos decimos que no somos nostálgicos y nosotros somos los primeros que vivimos en el 2016 con los pies en el día a día, pero siempre hay algo que te transporta a tu infancia y que te hace sentir como cuando eras pequeño. Quien diga que no es nostálgico, yo creo que miente. Siempre hay algo que a todos nos toca la fibra.

- Y aparece esa sonrisa bobalicona...

- En realidad, es eso. Siempre decimos que es un libro lleno de sensaciones porque una fotografía, una frase, cualquier impacto visual te transporta a un momento en el que estabas con tu padre, con tu madre, con tus amigos... Estás viendo realmente la escena y lo estás volviendo a vivir. Mucha gente nos dice: 'Hay cosas que aparecen en vuestros libros que si no lo hubiera visto ahí, jamás me habría vuelto a acordar'.

- El blog se nutre en gran parte de la participación de la comunidad. ¿Es otro ingrediente de su éxito?

- La comunidad de seguidores es muy importante, fundamental. No sólo por el número sino por lo participativa que es la gente. Cualquier cosa que ven de aquella época le sacan una foto y nos la envían... Gracias a ellos podemos acceder a muchísimas cosas que de otra manera sería imposible.

- ¿Hay evolución desde el primer volumen hasta este cuarto?

- Evolución no hay, los cuatro libros se complementan. No hay un orden cronológico y se pueden leer independientemente. Cada libro tiene diez capítulos que son temáticas diferentes que hemos ido abordando. Los cuatro libros son como una pequeña enciclopedia que resume cómo era la sociedad española en aquellos años.

- Este cuarto volumen incluye hasta recetas de cocina y un parchís muy particular.

- Desde hace tiempo queríamos hacer un capítulo de cocina comparando las recetas de hoy en día, en las que todos somos cocineros de autor y hacemos unas elaboraciones de lo más complejas, con las de aquellos años, en los que cuando tu madre hacía una ensaladilla rusa era una fiesta. O cuando empezó la cocina innovadora, que nos parecía que comer melón con jamón era de lo más moderno... Y el parchís de Parchís es un guiño a aquella época, al grupo y a sentarte con juegos de mesa.

- De aquella época, ¿qué recuperaría?

- Lo que más se echa en falta son los familiares o amigos que ya no están, sobre todo los abuelos, que fueron muy importantes. Y de aquella época, se echa de menos jugar y la vida que se hacía en la calle. Muchas veces no hacía falta ningún juguete, cualquier ocurrencia bastaba para pasar toda la tarde en la calle. Hoy en día los niños están más en casa, son más individualistas.

- Ahora vivimos en la era de la corrección política. ¿Cree que esta circunstancia echa a perder la inocencia de aquellos años?

- Ese es uno de los aspectos que más nos choca cuando revisamos el material. En los ochenta, el término 'políticamente correcto' no existía y las cosas que se vendían eran auténticas burradas. Como ponerles un cigarro en la boca a los niños pequeños y sacarles una foto... hoy sería impensable. O cómo viajábamos en los coches, sin cinturón ni sillitas... En ese sentido, ha mejorado la seguridad, pero sí que es verdad que esta corrección política frena un poco la creatividad: por ejemplo, hay 'sketches' de Martes y Trece que hoy serían impensables, y un montón de películas, de anuncios de entonces... no pasarían la censura de lo políticamente correcto.

- ¿A Jorge Díaz le queda algún trauma de aquella época?

- Traumas muchos: siempre pedía a los Reyes Magos un 'scalextric' y nunca me lo trajeron y a día de hoy sigo sin tenerlo (risas). En aquellos años, los juguetes eran muy caros y cuando veíamos en la televisión de 'más de 5.000 pesetas' ya sabíamos que los Reyes Magos no nos lo iban a traer. Pero yo creo que éramos felices con poco.

- ¿Nos conformábamos entonces con menos que hoy?

- Sí. Tenías un balón de reglamento y lo cuidabas como un tesoro. Daba igual que estuviera todo abollado y magullado. Hoy no se valoran tanto las cosas como antes y no hay capacidad de esperar. Antes había que esperar por todo: si querías un juguete, tenías que esperar a que te lo trajeran los Reyes Magos; si querías ver una película, tenías que esperar a que estuviera disponible en el videoclub... Hoy estamos acostumbrados a que todo sea inmediato. Y los niños igual, lo quieren todo al momento.