La Rioja

Cómo lograr que nuestros pequeños tengan un buen desarrollo cerebral

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  • Es necesario enseñar a los niños cómo funciona y cómo cuidar su cerebro, del mismo modo que les enseñamos a comer, hablar, caminar o ducharse

  • La morfogénesis cerebral se desarrolla desde el embarazo hasta la edad adulta

«El período más importante en la vida no es el de la universidad, sino el primero de todos; desde el nacimiento hasta los seis años de edad». María Montessori.

La información que tenemos sobre el cerebro, órgano responsable de varias funciones entre ellas el aprendizaje, se ha visto claramente incrementada debido al desarrollo de las nuevas técnicas de neuroimagen y avances científicos. A partir de estas investigaciones se ha creado una nueva disciplina, la neuroeducación en la que convergen los estudios de educación, ciencia y neuropsicología, la cual ayuda a entender los procesos de enseñanza y aprendizaje en relación con el cerebro. Esta nueva disciplina intenta aprovechar los conocimientos sobre el funcionamiento cerebral para enseñar y aprender de un modo más óptimo. Apuesta por una educación basada en el desarrollo y las demandas del buen funcionamiento cerebral, para evitar en un futuro posibles enfermedades o problemas emocionales y cognitivos.

Para educar a nuestros hijos desde este enfoque, es necesario que les enseñemos cómo funciona y cómo cuidar su cerebro, del mismo modo que les enseñamos a comer, hablar, caminar o ducharse.

La morfogénesis o desarrollo tiene lugar desde el embarazo, cuando el embrión aún no se ha convertido en feto, hasta la edad adulta. Desde que nace se producen multitud de sinapsis neuronales, es decir, de comunicaciones entre las neuronas. Después de la infancia se produce la primer poda sináptica (eliminación de esas comunicaciones) y restructuración cerebral, donde se fortalecen las uniones que se utilizan más a menudo y se pierden las que no se utilizan. La segunda poda es tras la adolescencia, donde se maduran áreas del cerebro como la corteza prefrontal. En este desarrollo hay una interacción entre la dotación genética y el ambiente.

Durante el crecimiento de nuestros hijos transcurren diversas etapas de desarrollo y cambio cerebral como hemos visto. El sistema nervioso tiene fases, no es un proceso lineal y en cada niño puede presentar unas variantes. Primero maduran las áreas con la atención y el lenguaje (lóbulos parietales) y a posteriori, las implicadas en las funciones ejecutivas (lóbulo prefrontal).

El funcionamiento cerebral se entiende mediante la interacción de tres niveles: el cerebro primitivo (actividad básica, comer y dormir), el cerebro emocional y el cerebro racional, este último necesita que el anterior reciba cariño para presentar una capacidad intelectual plena.

Los estudios de neuroeducación afirman que un buen desarrollo cerebral necesita varios componentes: amor, gestión de las emociones, nutrición, actividad física, y juego.

Amor, cariño y confianza

El cerebro de un niño que no recibe amor presentará problemas como ansiedad, baja autoestima, etc. Aunque es importante no confundir el amor con la sobreprotección. Ante un problema, en el cerebro de nuestro hijo se activan dos regiones: la amígdala, que le dice que tiene miedo; y la corteza prefrontal, que le dice que es capaz de resolver o enfrentarse al problema.

En esta elección si somos padres sobreprotectores y no queremos que nuestro hijo tenga que enfrentarse a ningún problema, lo que quedará en el cerebro del niño es la activación de la amígdala y el miedo. Nuestro hijo no aprenderá a resolver los problemas porque ya estaremos nosotros para resolverlo. Por lo tanto, es importante que permitamos a nuestros hijos equivocarse.

La gestión de situaciones de estrés y la capacidad de autocontrol son indispensables, sobre todo teniendo en cuenta la carga de sobreactividad con la que viven los niños actualmente.

Desde el embarazo el tema de la alimentación es determinante en la inteligencia del niño en un futuro. Una buena dieta consiste en comer frutas, verduras, harinas integrales, pescado azul y carnes rojas, evitando las grasas saturadas, las conservas, alimentos procesados, colorantes y excesos de azúcar. El cerebro necesita estos alimentos saludables para que pueda funcionar correctamente, a nivel cognitivo (agilidad mental, concentración, memoria, etc) y emocional.

El deporte favorece la plasticidad cerebral y la neurogénesis en el hipocampo, zona implicada en la memoria y el aprendizaje. Aporta oxígeno al cerebro mejorando su funcionamiento, creaneurotransmisores (noradrenalina y dopamina) responsables de la felicidad y de procesos atencionales.

El juego desarrolla la imaginación infantil, motiva y ayuda en la toma de decisiones. Existen diversos juegos que estimulan la atención, un mecanismo indispensable en el aprendizaje, facilitando la liberación de dopamina y la transmisión de información entre el hipocampo y la corteza prefrontal. Además, mejora la autoestima y la socialización.

Hemos visto que el cerebro de los más pequeños necesita varios elementos para un desarrollo óptimo, intentemos ayudarles a conseguirlo.