La Rioja

El héroe de la libertad

El expresidente de la República Checa Vaclav Havel, en una imagen del 2009. :: DAVID W. CERNY / reuters
El expresidente de la República Checa Vaclav Havel, en una imagen del 2009. :: DAVID W. CERNY / reuters
  • Michael Zantovsky, compañero político y confidente de Vaclav Havel, publica una biografía sobre el expresidente checo

madrid. La personalidad de los héroes se forja en la infancia. Vaclav Havel nació en 1936, en Praga, en el seno de una buena familia con propiedades en el sector de la restauración. Era un niño rico, pero diferente a los demás, que eran pobres: se sentía marginado. Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial y los comunistas subieron al poder en Checoslovaquia, con el absurdo típico de los sistemas totalitarios, los burgueses pasaron a ser ciudadanos de segunda y el adolescente Havel volvió a sentirse otra vez un excluido, otra vez en los márgenes, «un 'outsider'», como lo define su amigo y confidente Michael Zantovsky, director ejecutivo de la Biblioteca Vaclav Havel de Praga, que ahora publica en España la biografía del expresidente, 'Havel. Una vida' (Galaxia Gutenberg).

Zantovsky compartió con el líder la experiencia de la caída del régimen comunista y en 1990 se convirtió en portavoz, secretario de prensa y asesor del político. Desde esta atalaya privilegiada considera a Havel como alguien casi predestinado a un lugar importante en la historia de su país y del mundo. «Era una persona que se sentía muy responsable. Desde niño supo que sus actos tenían consecuencias y que lo llevarían, sin término medio, a un duro castigo o a ser presidente», cuenta Zantovsky. Esta extraña niñez lo marcó para siempre. «No era una persona como los demás. Aunque era muy sociable, no encajaba nunca del todo. Hablaba contigo y te dabas cuenta de que dentro de él habitaba la soledad», relata.

En la vida adulta de Havel se distinguen dos grandes etapas. La primera es artística. Al terminar sus estudios y el servicio militar, en 1960, comenzó a trabajar en el mundo del teatro, como tramoyista al principio y después como director y dramaturgo. Mientras enlazaba éxitos teatrales se unió al Club de Escritores Independientes en la Primavera de Praga, el movimiento que desencadenó que la Unión Soviética invadiera el país en 1968. Havel fue represaliado, pero en 1977 promovió la 'Carta 77', firmada por 300 intelectuales que reclamaban la democracia. El proceso hacia la caída del régimen comunista ya era imparable y Havel descollaba ya como la figura de la nueva Checoslovaquia.

Nombrado presidente de la República Checa el 29 de diciembre de 1989 y confirmado el 5 de julio de 1990 para dos años más por la Asamblea Federal surgida de las elecciones democráticas de junio, Zantovsky califica de «salvajes» aquellos años en que un nuevo país democrático estaba gobernado por un hombre de arte. «Lo malo es que no tenía experiencia en la administración y la gestión. Pero la gran ventaja de provenir del mundo del teatro era que Havel sabía trabajar con contrastes y entrar en la dinámica de la Historia», explica el autor.

Los primeros años del Gobierno Havel supusieron una euforia en el país que el propio presidente pronto quiso rebajar. «Él se dio cuenta de que todos los sueños no se iban a poder cumplir», apunta Zantovsky. La crisis económica de principios de los 90 hizo el país conociera el desencanto, pero tampoco se hundió en el pesimismo y acabó convirtiéndose en una nación «normal». «Hemos dejado de pensar que teníamos que hacer todo de manera perfecta y ahora somos equiparables, en lo bueno y en lo malo, al resto de la Unión Europea», sostiene el escritor.

En esta época, sin embargo, llegó el momento más doloroso de la presidencia: la división de Checoslovaquia. «Intentó defender un estado común, decía que la separación no era el camino correcto. Pero cuando vio que la división no tenía vuelta atrás, intentó, y logró, que fuera pacífica.

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