La Rioja

VIERNES NEGRO

Andy Warhol dijo hace décadas que comprar era mucho más americano que pensar, y con el paso de los años la frase ha superado las fronteras yanquis hasta hacerse universal, esto es algo inapelable. Los Estados Unidos nos han colocado hamburguesas, coches, ordenadores y Coca Colas, pero sobre todas estas mercancías destaca el éxito con el que han vendido al mundo entero otra cosa: su manera de pensar, su concepción mercantil de la vida. Hoy el planeta compra y vende, intercambia productos, hace transferencias, mete artículos en bolsas, pone el PIN de la tarjeta, llena el carrito y sonríe pensando en la próxima compra mientras de fondo aturde el pitido hipnótico del lector del código de barras. Es la banda sonora del mundo global. A comprar.

A pesar de todo, comprar y vender son cosas maravillosas y hacen que millones de personas se ganen la vida de manera honorable detrás de un mostrador. Yo miro con admiración la tienda de ultramarinos, la mercería del barrio y el comercio de siempre y creo que hay algo heroico y encomiable en aguantar como ellos lo hacen, porque la vida cambia tan vertiginosamente que pronto llegarán los drones para dejarnos el pan y el cartón de leche en la puerta de casa, o en la ventana, quién sabe; nadie duda de que esto va a ocurrir, lo que nos preguntamos es cuándo.

Tampoco pensábamos hace años que compraríamos disfraces y golosinas para celebrar 'Haloween', que las tiendas abrirían de madrugada en la Noche Blanca de las Compras o que acabaríamos celebrando la locura del 'Black Friday'. Karl Marx advirtió que «en el capitalismo la libertad es sobre todo libertad para comprar y vender», y para ejercer tal privilegio a veces sólo hace falta una excusa. Los americanos ya las han encontrado todas y nos las brindan con la sonrisa espumosa del Gato de Cheshire para que las abracemos con fervor de perturbados. Llega el 'Black Friday', bienvenido sea. A mí lo que me molesta es la infección inglesa de nuestro lenguaje, pero claro, 'Viernes Negro' suena lúgubre, terrible, y evoca a sangre y muerte en el asfalto más que a festival de compras. Por una vez el titular de esta columna habla de la fiesta comercial y no de un nuevo drama en las carreteras riojanas.