La Rioja

Dolor crónico del suelo pélvico

Dolor crónico del suelo pélvico

  • La patología, que no se manifiesta externamente ni acorta la supervivencia de quien la padece, daña seriamente la calidad de vida del paciente

  • Nuevos tratamientos: ondas de choque y liberación del nervio pudendo

logroño. Aunque el título superior pueda parecer ser el inicio de una clase de medicina, en realidad el objetivo es llamar la atención acerca de una patología que no se manifiesta externamente, que no acorta la supervivencia de quien la padece, pero que daña seriamente la calidad de vida de la persona que se ve afectada por el dolor crónico del suelo pélvico.

Y es que el nombre de la enfermedad junta dos palabras con mucho significado en medicina, a saber dolor y crónico. Y es que hay muchas enfermedades que por desgracia no podemos curar pero hay otras en las que tenemos muchos recursos, muchos tratamientos y por tanto debemos ser totalmente agresivos pues podemos hacer mucho por mejorarlas. Una de ellas es el dolor, de tal manera que cuando un paciente se queje de dolor lo último que hay que decirle es que trate de aguantar, pues ningún dolor debe de ser dejado sin tratar.

Este es , por tanto, el primer componente de la enfermedad de la que vamos a hablar: el dolor.

El segundo ingrediente es la palabra crónico. Se entiende por crónico un dolor que se manifiesta, persiste y el paciente por tanto lo refiere desde al menos tres meses. Esta prolongación en el tiempo es una característica típica y esencial, que, por desgracia, bien conocen los pacientes afectos por este síndrome. De hecho, en general, el dolor lo refieren durante años, todos los días. Es muy frecuente que el dolor pase por etapas de mejoría, pero a la larga, de nuevo, el dolor tiende a reaparecer. Es fácil entender lo que esta situación acaba por causar en la persona que tal enfermedad presenta. En general, son pacientes que conviven con una sensación de pésima calidad de vida. El dolor recurrente marca su día a día, pues saben que en un momento u otro tendrán dolor y en muchas ocasiones este dolor va a ser intenso.

Y el tercer ingrediente es la zona anatómica precisa donde se localiza el dolor, el suelo de la pelvis. Se trata de una región del organismo, que cierra la cavidad pelviana, y que es una mezcla entre músculo estriado, el elevador del ano, músculo liso, el cuello de la vejiga, y componente de diverso origen, en el varón, la próstata. Es en conjunto una estructura con una inervación muy abundante, y con una coordinación compleja, en la que actúan de modo coordinado funciones fisiológicas automáticas con funciones voluntarias. En esta zona anatómica se juntan por ejemplo la micción, el tránsito intestinal y la función reproductora.

Es por tanto una zona compleja del cuerpo humano, y además un área anatómica no visualizable. Si una persona se pincha un dedo sabe exactamente donde le duele y además puede ver con exactitud, la zona de punción y la pequeña gota de sangre que por ella surge. De modo exacto e inequívoco localiza la zona dañada, el problema causante de su dolor. En el suelo de la pelvis es todo lo contrario. No se puede ver, no se puede ni siquiera palpar, no lo tenemos en nuestro cerebro morfológicamente identificado, de manera que al dolor que el paciente afecto del síndrome de dolor crónico del suelo de la pelvis siente, hay que digamos ponerle cara, imaginarse la zona en la que el dolor tiene su origen, ya que se trata de un área no localizable ni con la vista no con el tacto. Este detalle es muy importante, pues los pacientes afectos de dolor crónico del suelo de la pelvis relatan cada uno sus síntomas de modo discretamente diferente. Todos hacen referencia al mismo padecimiento, pero relatan sus síntomas de manera distinta, incidiendo más en unos u otros detalles. Al final se trata de la misma enfermedad, pero el relato que de ella hacen es distinto según que paciente lo refiera.

Tratamiento

El tratamiento de estos pacientes ha sido una especie de cajón de sastre, pues desde siempre se han utilizado los más diversos tratamiento para este síndrome. Comenzando por lo más sencillo como pueden ser los baños de asiento y el masaje prostático, y llegando a lo más agresivo, como son las intervenciones quirúrgicas entre las que se encuentran la resección transuretral de próstata y la prostatectomía radical.

En el momento actual disponemos de dos nuevos tratamientos que han demostrado una gran eficacia, para tratar de resolver este síndrome.

En primer lugar las ondas de choque. Se trata de un tratamiento físico, de tal manera que un generador especifico emite unas ondas mecánicas, que se mueven a mayor velocidad que la del sonido, y se enfocan con precisión en un área determinada. Dicha área se hace coincidir con la zona en la que se origina el cuadro de dolor del suelo de la pelvis. Es un tratamiento de eficacia demostrada para curar otros tipos de dolor crónico, fundamentalmente osteomuscular y de ligamentos. La experiencia en el tratamiento del dolor crónico del suelo de la pelvis es muy buena, de tal manera que más de las tres cuartas partes de los pacientes mejoran de sus síntomas, manteniendo esta mejoría por periodos cercanos a los dos años. El tratamiento se administra mediante seis sesiones de unos quince minutos de duración, de modo ambulatorio, y sin interferir en la actividad cotidiana del paciente, que una vez finalizada la sesión retoma su actividad cotidiana normal.

Un enfoque muy actual para entender el síndrome de dolor crónico del suelo de la pelvis es la neuralgia de nervio pudendo. Aunque no en todos los casos, sucede que el cuadro de dolor es causado por alteraciones del nervio pudendo. Es este nervio, una raíz originada a nivel del sacro, que cubre el área del periné y el conducto uretral. Para conseguir diagnosticar esta situación es necesario realizar estudios neurofisiológicos específicos. El beneficio para nuestro paciente es importante, ya que dispondremos de un diagnostico exacto, y por tanto podremos instaurar un tratamiento especifico. En los casos en los que se identifique una neuralgia del pudendo, se comenzará a tratar con medicación para el dolor de origen neurológico. Más adelante, y si no se consigue resolver el síndrome álgico, se optará por una descomprensión quirúrgica laparoscópica de este nervio.

Con esta actualización del tratamiento del dolor crónico del suelo de la pelvis se ha pretendido alcanzar dos objetivos: por un lado, llamar la atención acerca de una enfermedad crónica, que afecta a bastantes pacientes y que interfiere en la calidad de vida de los que la padecen, y que en general, es una enfermedad desconocida para la mayoría de la población. Y por otro lado, se pretende recordar que los avances médicos están a la orden del día, ofreciendo nuevos tratamientos y nuevas formas de entender el mundo de la enfermedad, y todo ello con único objetivo, que es mejorar la calidad de vida de nuestros pacientes.