La Rioja

DARSE LA MANO

Darse la mano es un acto muy importante. Unas veces es el primer contacto con otra persona y entonces el gesto adquiere carácter de tarjeta de presentación táctil. Otras veces cierra un pacto o un acuerdo y esto lo sabemos desde pequeños, pues cuando dos niños se peleaban en el recreo y después la profesora los sacaba al encerado para que hicieran las paces debían sellar su arreglo dándose la mano. Nunca habrá apretones de manos más intensos y desafiantes que aquellos de nuestra infancia.

Yo una vez le di la mano a un presidente del Gobierno de España y el apretón fue tan blando y viscoso como el calambre frío de una medusa enferma; nos soltamos las manos al instante, a veces medio segundo basta para transmitirlo todo. En otra ocasión un periodista muy famoso me dio la mano de manera parecida, con tan mala suerte que el momento quedó registrado en una foto: su mano fláccida, colgante como si se le fuera a separar del brazo deslizándose en la mía y los dos mirando al suelo; una imagen indescifrable y calamitosa.

Hay apretones de manos de todas clases, como el del botones del hotel, que no sabes si te tiende la mano para saludar o para pedirte propina. O los de los futbolistas cuando firman sus contratos millonarios: sonrisa dentífrica, pose de gimnasio y fuerte apretón con el presidente. Si está el director deportivo a veces se les ocurre hacer eso tan horrendo de darse la mano los tres a la vez, formando una masa informe de dedos desordenados.

Pero son los políticos quienes han hecho del apretón de manos una categoría propia. En 'Sopa de Ganso' Rufus T. Firefly -Groucho Marx- espera al embajador de Sylvania para hacer las paces tras sus disparatados desencuentros. Mientras llega el dignatario, Groucho va enloqueciendo de furia en un monólogo chiflado ante la posibilidad de que el embajador rechace estrechar su mano: «Yo extendiendo la mano y esa hiena extranjera negándose a aceptarla -piensa Groucho en voz alta- ese cerdo embaucador... no se saldrá con la suya». Cuando al fin llega el embajador, Groucho le declara la guerra. Hace unos días Obama y Trump se dieron la mano en el Salón Oval de la Casa Blanca y sus rostros eran también una declaración de guerra. Mientras apretaban sus manos delante de los fotógrafos yo eché en falta una profesora detrás de los gobernantes.