La Rioja

ARENA EN LA VOZ

ARENA EN LA VOZ

Seamos surrealistas, hagámoslo posible. Tampoco yo voy a darles miel. Si vinieron ustedes a entender y no entendieron, si vinieron a sentir y no sintieron, busquen jazmines en las bibliotecas y coloquen un libro en el hueco vacío donde deberían tener el corazón. Y si vinieron a juzgar, antes júzguense a ustedes mismos. Ahí tienen el espejo de cortinas plateadas para verse reflejados. Ese es el teatro al aire libre, el teatro burgués que Lorca quería destruir, con su público burgués que pretende entender o juzgar pero que es incapaz de sentir. Y ahí abajo tienen el montón de tierra, ese es el teatro bajo la arena que late en el deseo revolucionario del autor. El teatro en el que hay que vivir. ¿Dónde está el público? ¿Dónde están ustedes? Esa es la pregunta que deben hacerse. Tampoco yo voy a darles miel.

Esa es también la pregunta que se hizo Federico al abrir los ojos en Nueva York: ¿Dónde estoy? ¿Quién soy? Y 'El público' es su respuesta más honesta y brillante: Estoy aquí, oculto bajo la arena. Este soy yo. ¡Libertad, libertad! Libertad para escribir, libertad para amar. Amar, amor, amar. Cógeme la mano, amor, que vengo muy mal herido, herido de amor huido, herido, muerto de amor. ¡Déjame, libertad, salir de aquí!

Tampoco yo vengo hoy para entretenerles a ustedes: «Ni quiero ni me importa ni me da la gana. Más bien he venido a luchar. A luchar cuerpo a cuerpo con una masa tranquila. Y yo necesito defenderme de este enorme dragón que tengo delante, que me puede comer con sus trescientos bostezos de sus trescientas cabezas defraudadas. Y esta es la lucha: porque yo quiero con vehemencia comunicarme con vosotros ya que he venido, ya que estoy aquí, ya que salgo por un instante de mi largo silencio poético y no quiero daros miel, porque no tengo, sino arena».

Arena en la voz de Federico. ¿Saben ustedes que no existen grabaciones sonoras de la voz de Federico García Lorca? ¿Saben que en 1929 viajó a América huyendo del desamor y los prejuicios? ¿Saben que en Nueva York, la ciudad del 'Pequeño vals vienés' que Leonard Cohen cantó para que bailásemos hasta el final del amor, Lorca comenzó a escribir 'El público', entusiasmado por el teatro de vanguardia americano? ¿Saben que nunca concluyó la obra? ¿Que la leyó a sus amigos y no les gustó? ¿Que él mismo la consideraba escandalosa, inequívocamente homosexual e imposible de representar? «No hay compañía que se anime a llevarla a escena ni público que la tolere sin indignarse». ¿Saben que, pese a todo, sentía que era su mejor poema? ¿Saben que en 1932 puso en marcha La Barraca para devolver al pueblo el teatro que le había arrebatado la burguesía? ¿Que en 1936 le entregó aquel manuscrito a su amigo Rafael Martínez Nadal para que lo destruyera si a él le pasaba algo, y que este no fue capaz de hacerlo? ¿Que una compañía granadina se arruinó en el intento de montarlo y que hasta ahora solo Lluís Pasqual había salido airoso de semejante desafío?

Y hoy La Abadía y el Teatre Nacional de Catalunya, ambos de la patria artística de Lorca, han hecho posible lo imposible. Admirablemente, Álex Rigola ha hecho audible la voz más sincera y poética de Federico. Ha levantado en escena su poesía libérrima, la potencia erótica y violenta de sus imágenes oníricas, sus pulsiones sexuales, sus caballos desnudos, sus temores, sanguinolentos conejos que lo llevan a sacrificar, su compromiso artístico, su Julieta, su necesidad de mostrarse tal cual, ¿y si quiero enamorarme de un cocodrilo?, su ineludible sed de libertad. Libertad... ¿qué otra cosa quieren el barco sobre la mar y el caballo en la montaña? Libre que te quiero libre. Libre viento. Libres ramas.

¿Y saben ustedes que el cadáver de Lorca aún yace en las cunetas por los caminos de España? ¿Cómo quieren que no tenga arena en la voz?... Era mi voz antigua, ignorante de los densos jugos amargos, la que vino lamiendo mis pies bajo los frágiles helechos mojados. Qué delicia escucharla. Y qué terrible si ustedes no pueden oírla. Porque esas son las voces necesarias.