La Rioja

Francisco Nieva, una vida en las tablas

El dramaturgo Francisco Nieva, en una imagen del pasado mes de diciembre. :: JuanJo Martín / EFe
El dramaturgo Francisco Nieva, en una imagen del pasado mes de diciembre. :: JuanJo Martín / EFe
  • Innovador e investigador de las nuevas tendencias, viajó por Europa para absorber las vanguardias y luego ponerlas en práctica en España

  • El dramaturgo, escenógrafo y director manchego fallece a los 91 años dejando una vasta producción

El penúltimo gran dramaturgo español, Francisco Nieva, echó ayer el telón a una larga vida entregada al teatro como autor, escenógrafo o director, pero no por ello olvidó otras facetas literarias como el ensayo o la novela, e incluso se atrevió con el dibujo, arte con el que se inició dentro del mundo de la cultura. A sus 91 años deja vacía su silla en la Academia de la Lengua, la 'J', que ocupó desde 1990.

Nacido en Valdepeñas (Ciudad Real) en 1924, Nieva escribió su biografía, 'Las cosas como fueron', publicada en 2002. Tal vez influenciado por su bisabuelo, el sacerdote helenista Ciriaco Cruz, que tuvo una hija con una concuñada, mostró desde muy pequeño un gran interés por el arte, lo que le llevó a matricularse en 1945 en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

En 1952 viajó a París y residió en el Colegio de España de la Ciudad Universitaria. Allí trabajó para el Boletín Informativo de La Sorbona y siguió una licenciatura libre sobre la novela bretona y los libros de caballerías. Un año después, en 1953, obtuvo una beca del Instituto Francés para estudiar pintura. Su obra pictórica, al contrario que la literaria, fue reconocida en Francia, colgando sus cuadros en la primera exposición de arte experimental organizada por el grupo 'Cobra'. «Me fui porque no podía resistir el régimen de Franco. Llegué a París para morirme de hambre y llevar una vida miserable, sin saber qué hacer ni a dónde ir», rememoraba el académico.

En la capital francesa asistió al estreno de 'Esperando a Godot', de Samuel Beckett. «Tuve la suerte de conectar con un mundo selecto, de enorme altura intelectual», explicaba durante la presentación en 2007 de sus 'Obras completas'. En París comenzó la segunda vida de Nieva y recibió su primer reconocimiento, el premio Polignac por su obra artística, en 1963. En esta etapa se relaciona con el Positivismo.

Se casa con Geneviève Escande y entra a formar parte del Centre National de la Recherche Scientifique. En 1964 traslada su residencia a Madrid, donde trabaja dedicado al teatro. Tuvo la oportunidad de ser escenógrafo del maestro José Luis Alonso y de Adolfo Marsillach. Participó en la puesta en escena de obras de Bernard Shaw, Arthur Miller, clásicos como Calderón de la Barca o Tirso de Molina y contemporáneos españoles como Carlos Arniches.

El escenógrafo ya se había iniciado como autor teatral. Alumbró una treintena de obras, muchas de las cuales trasladan a la escena española lo aprendido de las vanguardias europeas sobre la transgresión, sólo que enfocada con pinceladas de humor y picaresca. Su primera obra en subir a las tablas fue 'Es bueno no tener cabeza' (1971).

Sin embargo, sus textos tardaron años en ver la luz. Este es el caso 'La señora Tártara', escrita en 1969 y estrenada nada menos que en 1986. Lo mismo ocurrió con 'Tórtolas, crepúsculo y... telón', obra que no se representó hasta 1972. Mención aparte merece 'El combate de Ópalos y Tasia', que fue estrenada en 1976 junto a 'La carroza de plomo candente', en un programa doble bajo la dirección de José Luis Alonso, algo inédito para aquellos tiempos en España. Su último estreno fue 'Salvator Rosa', en 1988.

Su obra narrativa cuenta con libros como 'El viaje a Pantaélica', 'Oceánida' y 'La llama vestida de negro: novela de misterios y sobrecogimiento' (1995). Estos relatos están centrados en Cambicio de Santiago, que en 2004 vuelve a protagonizar 'Granada de las mil noches' y 'La mutación del primo mentiroso'.

Francisco Nieva decía que «lo que queda escrito es un reflejo de lo vivido, porque lo más importante es vivir. Sin vida no llega la escritura, que podrá permanecer o desvanecerse». Por todo este trabajo fue galardonado en dos ocasiones con el Premio Nacional de Teatro (1980 y 1992); el Príncipe de Asturias de las Letras 1992, el Mariano de Cavia en 1991, el Premio de Periodismo El Correo Español-El Pueblo Vasco de 1995, así como un Max de Honor y el Valle-Inclán en 2011 como director de 'Tórtolas, crepúsculo y. telón'. También ostentaba la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes.