La Rioja

LÁGRIMAS

La imagen de un hombre llorando sigue siendo escena para el comentario. Esto no ha cambiado con los años; el llanto masculino continúa viéndose como algo raro, impropio, una cosa pintoresca y desacostumbrada. Ya cantaron hace años 'The Cure' eso de que «Boys don't cry» y así seguimos.

Yo he visto llorar a muchos hombres, sobre todo de risa, pero este hoy no es el caso. Algunos han explotado en llanto al recoger un premio, al hablar de su familia o en medio de una entrevista. Hace poco un bodeguero se emocionaba hasta la lágrima recordando a sus compañeros de cooperativa ya fallecidos. Ese hombretón adulto, corpulento, de rojos carrillos infantiles y mirada diminuta se iba encogiendo poco a poco, la garganta se le llenaba de tierra y los ojos de agua a medida que evocaba a sus amigos. Llanto en la sala de barricas.

La estampa del hombre hecho y derecho deshaciéndose entre lágrimas la representa mejor que ningún otro un gigante irlandés que se llama John Hayes. Hayes, al que apodan 'El Toro', es un jugador de rugby que dejó para la Historia las lágrimas más emocionantes que un deportista ha derramado en un estadio. Fue en el año 2007 antes de un partido del Seis Naciones entre Irlanda e Inglaterra. Esa noche al escuchar los acordes del 'Ireland's Call', Hayes, 'El Toro', se puso a llorar como un niño abrazado a sus compañeros mientras coreaban juntos la letra de la canción. Hayes recordaba que allí mismo, en el estadio de Croke Park en el que iban a jugar contra Inglaterra, los ingleses dispararon contra la multitud en el año 1920. Murieron catorce civiles que asistían a un partido.

Se ha hablado recientemente del llanto de Pedro Sánchez cuando anunció su dimisión. Aquellas fueron lágrimas furtivas, esquivas, esas lágrimas que son medio invisibles y que afloran en forma de carraspeos, pausas y sorbidos de nariz. A Sánchez lo llamaron Boabdil y se comentaron mucho sus congojas de aquella comparecencia. Pura basura, porque nada tiene de malo que un hombre llore o que lo haga una mujer si el motivo lo merece. Hayes lloraba por sus compatriotas. Aquel bodeguero, por sus amigos muertos. Sánchez, seguramente, también lloraba por alguien.