La Rioja

Las chicas de 'Amour'. :: l.r.
Las chicas de 'Amour'. :: l.r.

CORAZÓN DE TIZA

A la salida del teatro, las propias actrices de la compañía vendían sus recuerdos para ayudar a ir tirando la carreta: chapas, bolsos de tela y camisetas, todo con su 'Amour' por bandera. Ojalá hubieran vendido también esas tizas mágicas suyas que hacen que parezcan reales las cosas imaginarias y que convierten en fantástico todo aquello que solo es de verdad. Mi niña y yo nos llevamos un corazón de tiza pintado dentro del pecho. Ese nadie nos los podrá borrar. Qué ratito tan lindo pasamos dentro aprendiendo que es mejor amar.

Era un martes con tarde de domingo. El frío venía envuelto en olor caliente a castañas asadas. Y el teatro, enredando también los más dispares disparates, dispuso que, por tener más imaginación, hoy mandasen los niños; los mayores la han guardado en algún cajón y cuando la encuentran les queda de remate. Son esos días como flechas, igual que el extraño día de difuntos después de una noche de payasos monstruosos. Un día así de torcido tuvo que ser el que arregló un tal Adán Buenosayres escribiendo aquella lapidaria del amor más alegre que un entierro de niños. Pues este gris y triste de noviembre vino por suerte a colorearlo Marie de Jongh con su gran teatro para todos los únicos.

'Amour' es un cuento hermoso contado de hermosa manera. Un cuento de amor y de amor hecho. Contado sin palabras, pero conteniendo muchas grandes palabras: niñez, amigos, juego, imaginar, separar, aprender, amor, reñir, odio, crecer, vejez, ayudar, perdón, recuperar, tolerancia, juntar, compartir, amar... Vivir.

En el país donde todo empieza, dos amigas juegan imaginando su casa de tiza en el país donde también todo ha de terminar. Mientras los niños van por separado, ellas aprenden imitando a los mayores y descubren que quizás se amen. Quizás solo sea un juego, quizás todo lo sea, y terminan riñendo. Aprenden también a odiar y así crecen hasta envejecer. Hasta que surge la necesidad de ayudarse y perdonar, y la oportunidad de recuperar aquella amistad, acaso aquel amor. Surge entonces en los otros, la gran lección, la oportunidad de tolerar, de juntarse a compartir en lugar de segregar. Y empezar, ahora sí, a vivir. Que es mejor amar.

La ambigua expresividad de las máscaras y una sutil expresión corporal, escenografía de parque infantil y vestuario de desván, luces suaves y la preciosa música de Pascal Gaigne. Marie de Jongh no precisa más, solo sus tizas mágicas para dejarnos pintado un corazón. Nadie nos lo podrá borrar.