La Rioja

Interés y miedo

  • Nada explica por qué un personaje como Trump ha conseguido llegar con opciones hasta el final

Falta una semana: el próximo miércoles saldremos, quizás con alivio pero también es posible que con pavor, de la inquietud que estos días se vive en los cinco continentes. Las elecciones presidenciales norteamericanas -previstas para el día ocho, primer martes después del primer lunes de noviembre- nos afectan a todos, lo mismo da que habitemos en la rica Europa que en los lugares más recónditos de la mísera Haití. Pero lo malo es que la inmensa mayor parte de afectados por el resultado no tenemos derecho a votar.

Solo menos de un 30% de estadounidenses será quienes en la práctica decidan por todos los demás miles de millones de ciudadanos del planeta (este dato sale del porcentaje de inscritos previamente, del número que finalmente acuden a las urnas y del reparto entre los dos candidatos que se disputan el ejercicio de la máxima autoridad mundial). Nada nuevo, ocurre cada cuatro años desde hace más de dos siglos, pero en esta ocasión, ofrece un interés muy especial, casi dramático.

Un interés que se entremezcla con el miedo que despierta el triunfo, poco previsible pero nunca descartable, de Donald Trump, un intruso en la política, que de pronto la ha tomado como el último hobby que le quedaba por ensayar en paralelo con su polémica carrera empresarial salpicada de frecuentes incursiones en el esperpento social y la prepotencia de su propia supremacía racial y personal. Trump provoca cierta admiración en quienes él más desprecia y da miedo a las personas más sensatas cuando le imaginan en el Despacho Oval de la Casa Blanca dando órdenes estremecedoras.

A pesar de que son muchas las teorías que se vienen divulgando dentro y fuera de los Estados Unidos, ninguna consigue explicar cómo un personaje así, empeñado desde antiguo en mostrarse abominable, ha conseguido superar todos los obstáculos y equilibrios necesarios para salir victorioso de siete meses de primarias, ganar una convención con su propio partido en contra e inscribir su nombre para la Historia cuando menos entre los miembros de un ticket presidencial. Le lastra ante parte de la opinión pública una trayectoria de disparates, excentricidades y amenazas sin precedente que sin embargo le proporciona algunos destellos de inexplicable admiración.

Las encuestas no le conceden perspectivas de éxito en esta recta final, pero sobrados ejemplos hay de que las encuestas se equivocan incluso en Norteamérica. Su adversaria, Hillary Clinton, que reúne todas las condiciones para ser elegida la primera presidenta, no ha conseguido ganarse la simpatía de muchos de los norteamericanos ideológicamente llamados a votarla. Se asegura que goza de mayor respaldo fuera que dentro de los Estados Unidos. Pero cuenta con la ventaja de tener enfrente a Trump y el temor que provoca verle con poder para realzar cualquiera de los disparates con que viene amenazando, incluido el de declarar una guerra nuclear llegado el caso.